Nuestra
historia comienza en un barrio bajo de una humilde y pequeña ciudad. Aquí no
ocurre nada extraordinario, solo habita gente común, ordinaria y aburrida.
Todos los días son iguales, tétricos, fríos, rutinarios, en fin, nada divertido
pasa por aquí, o al menos no en la vida de los humanos, pero de vez en cuando
en la vida de algunos animales las cosas son muy distintas; para ellos cada
amanecer es una nueva aventura, cada obstáculo representa un nuevo reto e
incluso las cosas mas comunes pueden verse a través de sus ojos como algo de lo
mas asombroso e interesante.
Este era
el caso de nuestro pequeño y muy singular amigo Tomy, pues este era su nombre. Tomy
era un cachorro de color oscuro, el era simpático, amigable y de mas, pero
sobre todo el era un canino de lo mas curioso, no le temía a nada y
desgraciadamente por culpa de eso el era un perrito bastante solitario, esto se
debía a que todos lo veían como un bicho raro, pues creían ciegamente en que la
curiosidad era un peligro mortal del que preferirían no estar cerca. Por si
esto fuera poco Tomy era huérfano, nunca pudo conocer a sus padres, pero a el
no le importaba nada de eso, el no se daba cuenta de cuan infeliz debería de
ser, de hecho en su mundo el era el mas feliz de todos los caninos.
La
verdadera aventura de nuestro amigo comenzó una tarde de octubre. Tomy se
encontraba vagando alrededor de una de las casas deshabitadas del pequeño
pueblo, cuando de repente vio a lo lejos a un pequeño infante de no más de 70
cm jugueteando en el piso con una pequeña pelota de color rojo entre sus
pequeñas manos, atraído por la curiosidad Tomy decidió acercarse lentamente a
aquella desconocida y peculiar creatura, pero justo antes de poder hacer
contacto con el niño su madre se acerco violentamente mientras hacia señas y
ruidos incomprensibles para Tomy, quien asustado salió corriendo del acto y al
igual que el, la pequeña cría se espanto, a tal grado que rompió en llanto
dejando caer su pelotita roja al piso.
Inmediatamente
después de que se alejaron las figuras humanoides hasta ese entonces descocidas
y ajenas para el pequeño Tomy, este se acerco temeroso al objeto que reposaba
inmóvil en el suelo, lo observo por un tiempo, y después de unos minutos con
todo cuidado y delicadeza Tomy se lo llevo al hocico, decidido de devolvérselo
a su dueño emprendió en ese momento su búsqueda.
Al decir
verdad no fue fácil, pero con mucha fuerza de voluntad al paso de 3 agotadores
días lo consiguió, al fin había podido localizar al niño, pero había un gran problema, se encontraban
justo al otro lado de una inmensa fuente, cualquier otro perro la hubiera
rodeado sin pensarlo 2 veces, pero estaban a unos metros de subirse a un taxi y
Tomy, quien no era nada ingenuo, sabia que si lo abordaban era muy posible que
no los volviera a encontrar en mucho tiempo. Sin más que pensar Tomy se metió a
la fuente casi de manera inconsciente
aunque nunca en su vida había nadado se le hizo algo tan sencillo como
el andar en cuatro patas. En menos de 10 segundos había logrado salir de la
fuente, pero desgraciadamente se las veía muy difícil, debido a que el niño y
su madre ya se encontraban arriba del vehículo, decidido junto todas las pocas
fuerzas que le quedaban y lanzo al aire un ladrido potencial, y como llevaba la
pelota en el hocico esta cayo al suelo muy cerca de el taxi para su suerte, y
gracias a esto se bajaron a levantarla los 2 humanos y fue inevitable que
vieran a Tomy ,quien empapado se les acerco amigablemente. El niño lo reconoció
de inmediato y la madre pudo notar que le había llevado la pelota a su hijo,
por lo que pensó que quizá no seria tan mala idea adoptarlo, y después de
meditarlo unos momentos decidió llevárselo, lo subió con cuidado al taxi y Tomy
contento coopero, cosa que ningún otro perro hubiera hecho. Desde ese entonces
Tomy tiene familia, y aparentemente ya no le temen los demás parros, por el
contrario ahora desearían juntarse con el pero aunque el quisiera no creo que
lo dejarían, y así esta bien pues ahora es mas feliz que ninguno de los demás.

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