Para
cerrar con broche de oro este trabajo redactare unos renglones acerca de lo que
me pareció la metería de LEOE en este primer semestre de preparatoria; En mi
opinión personal la materia en si no me fue de mucho agrado, pero eso no
implica que no sea importante para mi ni mucho menos, solo significa que aunque
creo que es una de las materias mas necesarias y útiles para la vida cotidiana,
sinceramente me pareció algo tétrica, pero en fin es requerida para mi y eso es
lo que importa. Tuve la oportunidad de aprender muchísimas cosas en el
transcurso de este semestre, y afortunadamente de igual forma pude ponerlas en
practica, pero no solo en la escuela,
también en mi casa y con mis amigos, y es por esto que esta materia es tan
importante para mi, ya que a diferencia de otras materias como lo podría ser
química e historia, (solo por mencionar
algunas) esta me será de mucha ayuda a lo largo de mi vida, tanto social como
estudiantil y de mas. Me gustaría seguir aprendiendo mas acerca de esta materia,
pues creo que cubre una gama de estudios bastante extensa y dudo mucho que ya
haya aprendido todo lo que necesitaba saber.
Sin mas que agregar doy por terminado este proyecto, y con el este
primer semestre.
viernes, 3 de enero de 2014
Noticia del SEDMEJA
Sinceramente
no pude encontrar ni la noticia ni el cuestionario, pero debía incluirlos en la
descripción del bloque y es por eso que me vi obligado a subir esta sección,
aunque el contenido no es lo que debería ser en realidad.
La contaminacion ambiental.
La noticia
que mostrare a continuación será un breve resumen de el tema original,
iniciando por el tema de la contaminación, pero a mayor detalle, debido a que
en este tema nos centraremos en como afecta a los humanos, uno de los ejemplos mas
claros de lo que digo es la explosión del reactor nuclear en Chernoville, ya
que esta causo una radiación en toda la zona y en sus alrededores lo que afecto
a los seres humanos en un sinfín de formas, desde los daños físicos y
psicológicos, hasta en su misma economía .
El punto
que se quería exponer con el tema es que el ser humano es el causante de sus
propias desgracias y en la mayoría de los casos todas estas cosas pudieron
haberse evitado, pero desgraciadamente no es así, pues no todas las personas se
preocupan por los demás y en algunos casos ni por si mismas. Principalmente se
creo este espacio para reflexión propia y aunque este texto no es lo
necesariamente extenso creo que capta la idea principal de la mayoría de los
documentales que hablan a cerca de la contaminación.
Bloque 3.
En este
tercer y ultimo bloque tendremos la oportunidad de analizar un texto que habla
acerca de la contaminación ambiental, en este mismo texto identificaremos los
tipos de párrafo que lo conforman, después mostrare una “noticia” (por así
decirle) creada por mi y otros compañeros del SEDMEJA en la cual se mostrara el
punto de vista de un profesor de la misma institución acerca de varios temas
referentes a la misma, y por ultimo, pero no menos importante podrá ver el
cuestionario utilizado para la realización de la noticia previamente dicha.
Pero como en los dos bloques anteriores antes de dar inicio mencionare los temas
que se estudiaron en este último bloque; el primer tema que estudiamos fueron
los mecanismos de coherencia, después vimos los modos discursivos y por ultimo
los resúmenes. Ya aclarado esto, doy inicio a este bloque propiamente dicho.
Cuento de Chac Mool
Lo que
esta por leer es un cuento escrito por Carlos Fuentes
Hace poco tiempo, Filiberto murió ahogado en Acapulco. Sucedió en Semana
Santa. Aunque había sido despedido de su empleo en la Secretaría, Filiberto no
pudo resistir la tentación burocrática de ir, como todos los años, a la pensión
alemana, comer el choucrout endulzado por los sudores de la cocina tropical,
bailar el Sábado de Gloria en La Quebrada y sentirse “gente conocida” en el
oscuro anonimato vespertino de la Playa de Hornos. Claro, sabíamos que en su
juventud había nadado bien; pero ahora, a los cuarenta, y tan desmejorado como
se le veía, ¡intentar salvar, a la medianoche, el largo trecho entre Caleta y
la isla de la Roqueta! Frau Müller no permitió que se le velara, a pesar de ser
un cliente tan antiguo, en la pensión; por el contrario, esa noche organizó un
baile en la terracita sofocada, mientras Filiberto esperaba, muy pálido dentro
de su caja, a que saliera el camión matutino de la terminal, y pasó acompañado
de huacales y fardos la primera noche de su nueva vida. Cuando llegué, muy
temprano, a vigilar el embarque del féretro, Filiberto estaba bajo un túmulo de
cocos: el chofer dijo que lo acomodáramos rápidamente en el toldo y lo
cubriéramos con lonas, para que no se espantaran los pasajeros, y a ver si no
le habíamos echado la sal al viaje.
Salimos de Acapulco a la hora de la brisa tempranera. Hasta Tierra
Colorada nacieron el calor y la luz. Mientras desayunaba huevos y chorizo abrí
el cartapacio de Filiberto, recogido el día anterior, junto con sus otras
pertenencias, en la pensión de los Müller. Doscientos pesos. Un periódico
derogado de la ciudad de México. Cachos de lotería. El pasaje de ida -¿sólo de
ida? Y el cuaderno barato, de hojas cuadriculadas y tapas de papel mármol.
Me aventuré a leerlo, a pesar de las curvas, el hedor a vómitos y cierto
sentimiento natural de respeto por la vida privada de mi difunto amigo.
Recordaría -sí, empezaba con eso- nuestra cotidiana labor en la oficina; quizá
sabría, al fin, por qué fue declinado, olvidando sus deberes, por qué dictaba
oficios sin sentido, ni número, ni “Sufragio Efectivo No Reelección”. Por qué,
en fin, fue corrido, olvidaba la pensión, sin respetar los escalafones.
“Hoy fui a arreglar lo de mi pensión. El Licenciado, amabilísimo. Salí
tan contento que decidí gastar cinco pesos en un café. Es el mismo al que
íbamos de jóvenes y al que ahora nunca concurro, porque me recuerda que a los
veinte años podía darme más lujos que a los cuarenta. Entonces todos estábamos
en un mismo plano, hubiéramos rechazado con energía cualquier opinión peyorativa
hacia los compañeros; de hecho, librábamos la batalla por aquellos a quienes en
la casa discutían por su baja extracción o falta de elegancia. Yo sabía que
muchos de ellos (quizá los más humildes) llegarían muy alto y aquí, en la
Escuela, se iban a forjar las amistades duraderas en cuya compañía cursaríamos
el mar bravío. No, no fue así. No hubo reglas. Muchos de los humildes se
quedaron allí, muchos llegaron más arriba de lo que pudimos pronosticar en
aquellas fogosas, amables tertulias. Otros, que parecíamos prometerlo todo, nos
quedamos a la mitad del camino, destripados en un examen extracurricular,
aislados por una zanja invisible de los que triunfaron y de los que nada
alcanzaron. En fin, hoy volví a sentarme en las sillas modernizadas -también hay,
como barricada de una invasión, una fuente de sodas- y pretendí leer
expedientes. Vi a muchos antiguos compañeros, cambiados, amnésicos, retocados
de luz neón, prósperos. Con el café que casi no reconocía, con la ciudad misma,
habían ido cincelándose a ritmo distinto del mío. No, ya no me reconocían; o no
me querían reconocer. A lo sumo -uno o dos- una mano gorda y rápida sobre el
hombro. Adiós viejo, qué tal. Entre ellos y yo mediaban los dieciocho agujeros
del Country Club. Me disfracé detrás de los expedientes. Desfilaron en mi
memoria los años de las grandes ilusiones, de los pronósticos felices y,
también todas las omisiones que impidieron su realización. Sentí la angustia de
no poder meter los dedos en el pasado y pegar los trozos de algún rompecabezas
abandonado; pero el arcón de los juguetes se va olvidando y, al cabo, ¿quién
sabrá dónde fueron a dar los soldados de plomo, los cascos, las espadas de
madera? Los disfraces tan queridos, no fueron más que eso. Y sin embargo, había
habido constancia, disciplina, apego al deber. ¿No era suficiente, o sobraba?
En ocasiones me asaltaba el recuerdo de Rilquee. La gran recompensa de la
aventura de juventud debe ser la muerte; jóvenes, debemos partir con todos
nuestros secretos. Hoy, no tendría que volver la mirada a las ciudades de sal.
¿Cinco pesos? Dos de propina.”
“Pepe, aparte de su pasión por el derecho mercantil, gusta de teorizar.
Me vio salir de Catedral, y juntos nos encaminamos a Palacio. Él es descreído,
pero no le basta; en media cuadra tuvo que fabricar una teoría. Que si yo no
fuera mexicano, no adoraría a Cristo y -No, mira, parece evidente. Llegan los
españoles y te proponen adorar a un Dios muerto hecho un coágulo, con el
costado herido, clavado en una cruz. Sacrificado. Ofrendado. ¿Qué cosa más
natural que aceptar un sentimiento tan cercano a todo tu ceremonial, a toda tu
vida?... figúrate, en cambio, que México hubiera sido conquistado por budistas
o por mahometanos. No es concebible que nuestros indios veneraran a un
individuo que murió de indigestión. Pero un Dios al que no le basta que se
sacrifiquen por él, sino que incluso va a que le arranquen el corazón,
¡caramba, jaque mate a Huitzilopochtli! El cristianismo, en su sentido cálido,
sangriento, de sacrificio y liturgia, se vuelve una prolongación natural y
novedosa de la religión indígena. Los aspectos caridad, amor y la otra mejilla,
en cambio, son rechazados. Y todo en México es eso: hay que matar a los hombres
para poder creer en ellos.
“Pepe conocía mi afición, desde joven, por ciertas formas de arte
indígena mexicana. Yo colecciono estatuillas, ídolos, cacharros. Mis fines de
semana los paso en Tlaxcala o en Teotihuacán. Acaso por esto le guste
relacionar todas las teorías que elabora para mi consumo con estos temas. Por
cierto que busco una réplica razonable del Chac Mool desde hace tiempo, y hoy
Pepe me informa de un lugar en la Lagunilla donde venden uno de piedra y parece
que barato. Voy a ir el domingo.
“Un guasón pintó de rojo el agua del garrafón en la oficina, con la
consiguiente perturbación de las labores. He debido consignarlo al Director, a
quien sólo le dio mucha risa. El culpable se ha valido de esta circunstancia
para hacer sarcasmos a mis costillas el día entero, todos en torno al agua.
Ch...”
“Hoy domingo, aproveché para ir a la Lagunilla. Encontré el Chac Mool en
la tienducha que me señaló Pepe. Es una pieza preciosa, de tamaño natural, y
aunque el marchante asegura su originalidad, lo dudo. La piedra es corriente,
pero ello no aminora la elegancia de la postura o lo macizo del bloque. El
desleal vendedor le ha embarrado salsa de tomate en la barriga al ídolo para
convencer a los turistas de la sangrienta autenticidad de la escultura.
“El traslado a la casa me costó más que la adquisición. Pero ya está
aquChac Moolí, por el momento en el sótano mientras reorganizo mi cuarto de
trofeos a fin de darle cabida. Estas figuras necesitan sol vertical y fogoso;
ese fue su elemento y condición. Pierde mucho mi Chac Mool en la oscuridad del
sótano; allí, es un simple bulto agónico, y su mueca parece reprocharme que le
niegue la luz. El comerciante tenía un foco que iluminaba verticalmente en la
escultura, recortando todas sus aristas y dándole una expresión más amable.
Habrá que seguir su ejemplo.”
“Amanecí con la tubería descompuesta. Incauto, dejé correr el agua de la
cocina y se desbordó, corrió por el piso y llego hasta el sótano, sin que me
percatara. El Chac Mool resiste la humedad, pero mis maletas sufrieron. Todo
esto, en día de labores, me obligó a llegar tarde a la oficina.”
“Vinieron, por fin, a arreglar la tubería. Las maletas, torcidas. Y el
Chac Mool, con lama en la base.”
“Desperté a la una: había escuchado un quejido terrible. Pensé en
ladrones. Pura imaginación.”
“Los lamentos nocturnos han seguido. No sé a qué atribuirlo, pero estoy
nervioso. Para colmo de males, la tubería volvió a descomponerse, y las lluvias
se han colado, inundando el sótano.”
“El plomero no viene; estoy desesperado. Del Departamento del Distrito
Federal, más vale no hablar. Es la primera vez que el agua de las lluvias no
obedece a las coladeras y viene a dar a mi sótano. Los quejidos han cesado:
vaya una cosa por otra.”
“Secaron el sótano, y el Chac Mool está cubierto de lama. Le da un
aspecto grotesco, porque toda la masa de la escultura parece padecer de una
erisipela verde, salvo los ojos, que han permanecido de piedra. Voy a
aprovechar el domingo para raspar el musgo. Pepe me ha recomendado cambiarme a
una casa de apartamentos, y tomar el piso más alto, para evitar estas tragedias
acuáticas. Pero yo no puedo dejar este caserón, ciertamente es muy grande para
mí solo, un poco lúgubre en su arquitectura porfiriana. Pero es la única
herencia y recuerdo de mis padres. No sé qué me daría ver una fuente de sodas
con sinfonola en el sótano y una tienda de decoración en la planta baja.”
“Fui a raspar el musgo del Chac Mool con una espátula. Parecía ser ya
parte de la piedra; fue labor de más de una hora, y sólo a las seis de la tarde
pude terminar. No se distinguía muy bien la penumbra; al finalizar el trabajo,
seguí con la mano los contornos de la piedra. Cada vez que lo repasaba, el
bloque parecía reblandecerse. No quise creerlo: era ya casi una pasta. Este
mercader de la Lagunilla me ha timado. Su escultura precolombina es puro yeso,
y la humedad acabará por arruinarla. Le he echado encima unos trapos; mañana la
pasaré a la pieza de arriba, antes de que sufra un deterioro total.”
“Los trapos han caído al suelo, increíble. Volví a palpar el Chac Mool.
Se ha endurecido pero no vuelve a la consistencia de la piedra. No quiero
escribirlo: hay en el torso algo de la textura de la carne, al apretar los
brazos los siento de goma, siento que algo circula por esa figura recostada...
Volví a bajar en la noche. No cabe duda: el Chac Mool tiene vello en los
brazos.”
“Esto nunca me había sucedido. Tergiversé los asuntos en la oficina,
giré una orden de pago que no estaba autorizada, y el Director tuvo que
llamarme la atención. Quizá me mostré hasta descortés con los compañeros.
Tendré que ver a un médico, saber si es mi imaginación o delirio o qué, y
deshacerme de ese maldito Chac Mool.”
Hasta aquí la escritura de Filiberto era la antigua, la que tantas veces
vi en formas y memoranda, ancha y ovalada. La entrada del 25 de agosto, sin
embargo, parecía escrita por otra persona. A veces como niño, separando trabajosamente
cada letra; otras, nerviosa, hasta diluirse en lo ininteligible. Hay tres días
vacíos, y el relato continúa:
“Todo es tan natural; y luego se cree en lo real... pero esto lo es, más
que lo creído por mí. Si es real un garrafón, y más, porque nos damos mejor
cuenta de su existencia, o estar, si un bromista pinta el agua de rojo... Real
bocanada de cigarro efímera, real imagen monstruosa en un espejo de circo,
reales, ¿no lo son todos los muertos, presentes y olvidados?... si un hombre
atravesara el paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que
había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano...
¿entonces, qué?... Realidad: cierto día la quebraron en mil pedazos, la cabeza
fue a dar allá, la cola aquí y nosotros no conocemos más que uno de los trozos
desprendidos de su gran cuerpo. Océano libre y ficticio, sólo real cuando se le
aprisiona en el rumor de un caracol marino. Hasta hace tres días, mi realidad
lo era al grado de haberse borrado hoy; era movimiento reflejo, rutina,
memoria, cartapacio. Y luego, como la tierra que un día tiembla para que
recordemos su poder, o como la muerte que un día llegará, recriminando mi
olvido de toda la vida, se presenta otra realidad: sabíamos que estaba allí,
mostrenca; ahora nos sacude para hacerse viva y presente. Pensé, nuevamente,
que era pura imaginación: el Chac Mool, blando y elegante, había cambiado de
color en una noche; amarillo, casi dorado, parecía indicarme que era un dios,
por ahora laxo, con las rodillas menos tensas que antes, con la sonrisa más
benévola. Y ayer, por fin, un despertar sobresaltado, con esa seguridad
espantosa de que hay dos respiraciones en la noche, de que en la oscuridad
laten más pulsos que el propio. Sí, se escuchaban pasos en la escalera. Pesadilla.
Vuelta a dormir... No sé cuánto tiempo pretendí dormir. Cuando volvía a abrir
los ojos, aún no amanecía. El cuarto olía a horror, a incienso y sangre. Con la
mirada negra, recorrí la recámara, hasta detenerme en dos orificios de luz
parpadeante, en dos flámulas crueles y amarillas.
“Casi sin aliento, encendí la luz.
“Allí estaba Chac Mool, erguido, sonriente, ocre, con su barriga
encarnada. Me paralizaron los dos ojillos casi bizcos, muy pegados al caballete
de la nariz triangular. Los dientes inferiores mordían el labio superior,
inmóviles; sólo el brillo del casuelón cuadrado sobre la cabeza anormalmente
voluminosa, delataba vida. Chac Mool avanzó hacia mi cama; entonces empezó a
llover.”
Recuerdo que a fines de agosto, Filiberto fue despedido de la
Secretaría, con una recriminación pública del Director y rumores de locura y
hasta de robo. Esto no lo creí. Sí pude ver unos oficios descabellados,
preguntándole al Oficial Mayor si el agua podía olerse, ofreciendo sus
servicios al Secretario de Recursos Hidráulicos para hacer llover en el
desierto. No supe qué explicación darme a mí mismo; pensé que las lluvias
excepcionalmente fuertes, de ese verano, habían enervado a mi amigo. O que
alguna depresión moral debía producir la vida en aquel caserón antiguo, con la
mitad de los cuartos bajo llave y empolvados, sin criados ni vida de familia.
Los apuntes siguientes son de fines de septiembre:
“Chac Mool puede ser simpático cuando quiere, ‘...un gluglú de agua
embelesada’... Sabe historias fantásticas sobre los monzones, las lluvias
ecuatoriales y el castigo de los desiertos; cada planta arranca de su
paternidad mítica: el sauce es su hija descarriada, los lotos, sus niños
mimados; su suegra, el cacto. Lo que no puedo tolerar es el olor, extrahumano,
que emana de esa carne que no lo es, de las sandalias flamantes de vejez. Con
risa estridente, Chac Mool revela cómo fue descubierto por Le Plongeon y puesto
físicamente en contacto de hombres de otros símbolos. Su espíritu ha vivido en
el cántaro y en la tempestad, naturalmente; otra cosa es su piedra, y haberla
arrancado del escondite maya en el que yacía es artificial y cruel. Creo que
Chac Mool nunca lo perdonará. Él sabe de la inminencia del hecho estético.
“He debido proporcionarle sapolio para que se lave el vientre que el
mercader, al creerlo azteca, le untó de salsa queetchup. No pareció gustarle mi
pregunta sobre su parentesco con Tlaloc1, y cuando se enoja, sus dientes, de
por sí repulsivos, se afilan y brillan. Los primeros días, bajó a dormir al sótano;
desde ayer, lo hace en mi cama.”
“Hoy empezó la temporada seca. Ayer, desde la sala donde ahora duermo,
comencé a oír los mismos lamentos roncos del principio, seguidos de ruidos
terribles. Subí; entreabrí la puerta de la recámara: Chac Mool estaba rompiendo
las lámparas, los muebles; al verme, saltó hacia la puerta con las manos
arañadas, y apenas pude cerrar e irme a esconder al baño. Luego bajó, jadeante,
y pidió agua; todo el día tiene corriendo los grifos, no queda un centímetro
seco en la casa. Tengo que dormir muy abrigado, y le he pedido que no empape
más la sala2.”
“El Chac inundó hoy la sala. Exasperado, le dije que lo iba a devolver
al mercado de la Lagunilla. Tan terrible como su risilla -horrorosamente
distinta a cualquier risa de hombre o de animal- fue la bofetada que me dio,
con ese brazo cargado de pesados brazaletes. Debo reconocerlo: soy su
prisionero. Mi idea original era bien distinta: yo dominaría a Chac Mool, como
se domina a un juguete; era, acaso, una prolongación de mi seguridad infantil;
pero la niñez -¿quién lo dijo?- es fruto comido por los años, y yo no me he
dado cuenta... Ha tomado mi ropa y se pone la bata cuando empieza a brotarle
musgo verde. El Chac Mool está acostumbrado a que se le obedezca, desde siempre
y para siempre; yo, que nunca he debido mandar, sólo puedo doblegarme ante él.
Mientras no llueva -¿y su poder mágico?- vivirá colérico e irritable.”
“Hoy decidí que en las noches Chac Mool sale de la casa. Siempre, al
oscurecer, canta una tonada chirriona y antigua, más vieja que el canto mismo.
Luego cesa. Toqué varias veces a su puerta, y como no me contestó, me atreví a
entrar. No había vuelto a ver la recámara desde el día en que la estatua trató
de atacarme: está en ruinas, y allí se concentra ese olor a incienso y sangre
que ha permeado la casa. Pero detrás de la puerta, hay huesos: huesos de
perros, de ratones y gatos. Esto es lo que roba en la noche el Chac Mool para
sustentarse. Esto explica los ladridos espantosos de todas las madrugadas.”
“Febrero, seco. Chac Mool vigila cada paso mío; me ha obligado a
telefonear a una fonda para que diariamente me traigan un portaviandas. Pero el
dinero sustraído de la oficina ya se va a acabar. Sucedió lo inevitable: desde
el día primero, cortaron el agua y la luz por falta de pago. Pero Chac Mool ha
descubierto una fuente pública a dos cuadras de aquí; todos los días hago diez
o doce viajes por agua, y él me observa desde la azotea. Dice que si intento
huir me fulminará: también es Dios del Rayo. Lo que él no sabe es que estoy al
tanto de sus correrías nocturnas... Como no hay luz, debo acostarme a las ocho.
Ya debería estar acostumbrado al Chac Mool, pero hace poco, en la oscuridad, me
topé con él en la escalera, sentí sus brazos helados, las escamas de su piel
renovada y quise gritar.”
“Si no llueve pronto, el Chac Mool va a convertirse otra vez en piedra.
He notado sus dificultades recientes para moverse; a veces se reclina durante
horas, paralizado, contra la pared y parece ser, de nuevo, un ídolo inerme, por
más dios de la tempestad y el trueno que se le considere. Pero estos reposos
sólo le dan nuevas fuerzas para vejarme, arañarme como si pudiese arrancar
algún líquido de mi carne. Ya no tienen lugar aquellos intermedios amables
durante los cuales relataba viejos cuentos; creo notar en él una especie de
resentimiento concentrado. Ha habido otros indicios que me han puesto a pensar:
los vinos de mi bodega se están acabando; Chac Mool acaricia la seda de la
bata; quiere que traiga una criada a la casa, me ha hecho enseñarle a usar
jabón y lociones. Incluso hay algo viejo en su cara que antes parecía eterna.
Aquí puede estar mi salvación: si el Chac cae en tentaciones, si se humaniza,
posiblemente todos sus siglos de vida se acumulen en un instante y caiga
fulminado por el poder aplazado del tiempo. Pero también me pongo a pensar en
algo terrible: el Chac no querrá que yo asista a su derrumbe, no querrá un
testigo..., es posible que desee matarme.”
“Hoy aprovecharé la excursión nocturna de Chac para huir. Me iré a Acapulco;
veremos qué puede hacerse para conseguir trabajo y esperar la muerte de Chac
Mool; sí, se avecina; está canoso, abotagado. Yo necesito asolearme, nadar y
recuperar fuerzas. Me quedan cuatrocientos pesos. Iré a la Pensión Müller, que
es barata y cómoda. Que se adueñe de todo Chac Mool: a ver cuánto dura sin mis
baldes de agua.”
Aquí termina el diario de Filiberto. No quise pensar más en su relato;
dormí hasta Cuernavaca. De ahí a México pretendí dar coherencia al escrito,
relacionarlo con exceso de trabajo, con algún motivo sicológico. Cuando, a las
nueve de la noche, llegamos a la terminal, aún no podía explicarme la locura de
mi amigo. Contraté una camioneta para llevar el féretro a casa de Filiberto, y
después de allí ordenar el entierro.
Antes de que pudiera introducir la llave en la cerradura, la puerta se
abrió. Apareció un indio amarillo, en bata de casa, con bufanda. Su aspecto no
podía ser más repulsivo; despedía un olor a loción barata, quería cubrir las
arrugas con la cara polveada; tenía la boca embarrada de lápiz labial mal
aplicado, y el pelo daba la impresión de estar teñido.
-Perdone... no sabía que Filiberto hubiera...
-No importa; lo sé todo. Dígale a los hombres que lleven el cadáver al
sótano.
FIN
Ahora aclarare algunas cosas, o mejor dicho resumiré el cuento;
Para empezar
chac mool es el dios de la lluvia.
La historia comienza cuando el "amigo" va a recoger el cadáver de Filiberto que se había ahogado en Acapulco el fin de semana de Semana Santa.
En el transcurso de el camino el "amigo" encuentra un portafolios que pertenecía a Filiberto y ahí encuentra un boleto solo de ida, un cacho de lotería y un cuaderno barato que al parecer después, el se da cuenta era un tipo diario.
En el cuenta lo aburrida que es su vida y como le gustaba coleccionar arte indigena Mexicana y estaba interesado en conseguir un Chac Mool. Menciona que conoce a un tal Pepe que le informa que venden una de piedra y de tamaño natural.
El la compra y al no tener espacio en su casa para ponerla la pone en el sótano.
Al poco tiempo se le descompone la tubería y el agua acaba en el sótano...
Desde esa noche el empieza a oír ruidos raros pero piensa que es su imaginación y los ignora.
A los pocos días llueve y el sótano se le vuelve a llenar de agua...
Y los ruidos siguen y el sin saber que es.
Un día decide quitarle la lama que le empieza a salir por la humedad y nota como a limpiar su contorno el Chac Mool estaba blandito como piel o carne.
Piensa que le han vendido una imitación de yeso.
Pero una noche descubre que el Chac Mool estaba vivo como el sospechaba,
Al principio parece fascinarle pero después se vuelve su prisionero.
El Chac Mool se apodera de su cama y tiene el agua corriendo en su casa todo el día…
Filiberto también nota que el Chac Mool sale de noche a casar gatos y ratas para comérselas.
Filiberto pierde su trabajo días después y todos piensan que se ha vuelto loco y como ya no tiene con que pagar el agua se la cortan y el Chac Mool lo obliga acarrear aguan en cubetas de una fuente q’ hay cerca de su casa y lo vigila des de la azotea amenazando lo de que si trata de escapar lo matar de un rayo.
Mientras tanto Filiberto nota como el Chac Mool se empieza “hacer humano” se toma los vinos, viste de seda, se maquilla y le pide que le traiga a una “gata” a la casa…
Es cuando Filiberto decide escapar ya que pensaba que sin agua Chac Mool se volverá en piedra. Así hace su viaje pero muere AHOGADO en Acapulco…
Cuando su “amigo” lleva a Filiberto a su casa ve que un indio le abre la puerta, con todas las características del Chac Mool y el le dice que lo sabe todo que lleven su cadáver al sótano.
Nota que donde quiera que Chac Mool este, hay agua…
Piensa que Filiberto murió ahogado…para mi le cumplió la amenaza, no lo fulmino pero si lo ahogo, se salió con la suya.
En mi opinión Chac Mool mato a Filiberto y tratara de revivirlo al ordenar “llévenlo al sótano”
Y Piensa como o porque el Chac Mool empieza adoptar costumbres humanas…
La historia no afirma si lo que Filiberto relata es cierto o no pero el final lo decides tu ya que termina sin explicaciones y con lo que el amigo ve, un indio amarillo que le dice que “lo se todo.”
La historia comienza cuando el "amigo" va a recoger el cadáver de Filiberto que se había ahogado en Acapulco el fin de semana de Semana Santa.
En el transcurso de el camino el "amigo" encuentra un portafolios que pertenecía a Filiberto y ahí encuentra un boleto solo de ida, un cacho de lotería y un cuaderno barato que al parecer después, el se da cuenta era un tipo diario.
En el cuenta lo aburrida que es su vida y como le gustaba coleccionar arte indigena Mexicana y estaba interesado en conseguir un Chac Mool. Menciona que conoce a un tal Pepe que le informa que venden una de piedra y de tamaño natural.
El la compra y al no tener espacio en su casa para ponerla la pone en el sótano.
Al poco tiempo se le descompone la tubería y el agua acaba en el sótano...
Desde esa noche el empieza a oír ruidos raros pero piensa que es su imaginación y los ignora.
A los pocos días llueve y el sótano se le vuelve a llenar de agua...
Y los ruidos siguen y el sin saber que es.
Un día decide quitarle la lama que le empieza a salir por la humedad y nota como a limpiar su contorno el Chac Mool estaba blandito como piel o carne.
Piensa que le han vendido una imitación de yeso.
Pero una noche descubre que el Chac Mool estaba vivo como el sospechaba,
Al principio parece fascinarle pero después se vuelve su prisionero.
El Chac Mool se apodera de su cama y tiene el agua corriendo en su casa todo el día…
Filiberto también nota que el Chac Mool sale de noche a casar gatos y ratas para comérselas.
Filiberto pierde su trabajo días después y todos piensan que se ha vuelto loco y como ya no tiene con que pagar el agua se la cortan y el Chac Mool lo obliga acarrear aguan en cubetas de una fuente q’ hay cerca de su casa y lo vigila des de la azotea amenazando lo de que si trata de escapar lo matar de un rayo.
Mientras tanto Filiberto nota como el Chac Mool se empieza “hacer humano” se toma los vinos, viste de seda, se maquilla y le pide que le traiga a una “gata” a la casa…
Es cuando Filiberto decide escapar ya que pensaba que sin agua Chac Mool se volverá en piedra. Así hace su viaje pero muere AHOGADO en Acapulco…
Cuando su “amigo” lleva a Filiberto a su casa ve que un indio le abre la puerta, con todas las características del Chac Mool y el le dice que lo sabe todo que lleven su cadáver al sótano.
Nota que donde quiera que Chac Mool este, hay agua…
Piensa que Filiberto murió ahogado…para mi le cumplió la amenaza, no lo fulmino pero si lo ahogo, se salió con la suya.
En mi opinión Chac Mool mato a Filiberto y tratara de revivirlo al ordenar “llévenlo al sótano”
Y Piensa como o porque el Chac Mool empieza adoptar costumbres humanas…
La historia no afirma si lo que Filiberto relata es cierto o no pero el final lo decides tu ya que termina sin explicaciones y con lo que el amigo ve, un indio amarillo que le dice que “lo se todo.”
Cuento del perro negro.
Nuestra
historia comienza en un barrio bajo de una humilde y pequeña ciudad. Aquí no
ocurre nada extraordinario, solo habita gente común, ordinaria y aburrida.
Todos los días son iguales, tétricos, fríos, rutinarios, en fin, nada divertido
pasa por aquí, o al menos no en la vida de los humanos, pero de vez en cuando
en la vida de algunos animales las cosas son muy distintas; para ellos cada
amanecer es una nueva aventura, cada obstáculo representa un nuevo reto e
incluso las cosas mas comunes pueden verse a través de sus ojos como algo de lo
mas asombroso e interesante.
Este era
el caso de nuestro pequeño y muy singular amigo Tomy, pues este era su nombre. Tomy
era un cachorro de color oscuro, el era simpático, amigable y de mas, pero
sobre todo el era un canino de lo mas curioso, no le temía a nada y
desgraciadamente por culpa de eso el era un perrito bastante solitario, esto se
debía a que todos lo veían como un bicho raro, pues creían ciegamente en que la
curiosidad era un peligro mortal del que preferirían no estar cerca. Por si
esto fuera poco Tomy era huérfano, nunca pudo conocer a sus padres, pero a el
no le importaba nada de eso, el no se daba cuenta de cuan infeliz debería de
ser, de hecho en su mundo el era el mas feliz de todos los caninos.
La
verdadera aventura de nuestro amigo comenzó una tarde de octubre. Tomy se
encontraba vagando alrededor de una de las casas deshabitadas del pequeño
pueblo, cuando de repente vio a lo lejos a un pequeño infante de no más de 70
cm jugueteando en el piso con una pequeña pelota de color rojo entre sus
pequeñas manos, atraído por la curiosidad Tomy decidió acercarse lentamente a
aquella desconocida y peculiar creatura, pero justo antes de poder hacer
contacto con el niño su madre se acerco violentamente mientras hacia señas y
ruidos incomprensibles para Tomy, quien asustado salió corriendo del acto y al
igual que el, la pequeña cría se espanto, a tal grado que rompió en llanto
dejando caer su pelotita roja al piso.
Inmediatamente
después de que se alejaron las figuras humanoides hasta ese entonces descocidas
y ajenas para el pequeño Tomy, este se acerco temeroso al objeto que reposaba
inmóvil en el suelo, lo observo por un tiempo, y después de unos minutos con
todo cuidado y delicadeza Tomy se lo llevo al hocico, decidido de devolvérselo
a su dueño emprendió en ese momento su búsqueda.
Al decir
verdad no fue fácil, pero con mucha fuerza de voluntad al paso de 3 agotadores
días lo consiguió, al fin había podido localizar al niño, pero había un gran problema, se encontraban
justo al otro lado de una inmensa fuente, cualquier otro perro la hubiera
rodeado sin pensarlo 2 veces, pero estaban a unos metros de subirse a un taxi y
Tomy, quien no era nada ingenuo, sabia que si lo abordaban era muy posible que
no los volviera a encontrar en mucho tiempo. Sin más que pensar Tomy se metió a
la fuente casi de manera inconsciente
aunque nunca en su vida había nadado se le hizo algo tan sencillo como
el andar en cuatro patas. En menos de 10 segundos había logrado salir de la
fuente, pero desgraciadamente se las veía muy difícil, debido a que el niño y
su madre ya se encontraban arriba del vehículo, decidido junto todas las pocas
fuerzas que le quedaban y lanzo al aire un ladrido potencial, y como llevaba la
pelota en el hocico esta cayo al suelo muy cerca de el taxi para su suerte, y
gracias a esto se bajaron a levantarla los 2 humanos y fue inevitable que
vieran a Tomy ,quien empapado se les acerco amigablemente. El niño lo reconoció
de inmediato y la madre pudo notar que le había llevado la pelota a su hijo,
por lo que pensó que quizá no seria tan mala idea adoptarlo, y después de
meditarlo unos momentos decidió llevárselo, lo subió con cuidado al taxi y Tomy
contento coopero, cosa que ningún otro perro hubiera hecho. Desde ese entonces
Tomy tiene familia, y aparentemente ya no le temen los demás parros, por el
contrario ahora desearían juntarse con el pero aunque el quisiera no creo que
lo dejarían, y así esta bien pues ahora es mas feliz que ninguno de los demás.
Reportaje de las especialidades.
A
continuación mostrare un reportaje creado por estudiantes del SEDMEJA; donde se
muestran algunas de las especialidades que se imparten en esta institución.
Iniciaremos
con la especialidad de Programación.
Cuenta con
desarrollo de sistemas y aplicaciones de computadora. También diseño de datos,
además se enseña el manejo de software como Word, Windows, Excel, power point,
entre otros. Y el manejo de la comunicación vía internet.
Electrónica.
Este
taller se basa en como decirlo, en el aprendizaje del diseño de sistemas con
sensores electrónicos que utilizan elementos neumáticos, también maneja
elementos de medición y sistemas de control de variables industriales como lo
son; temperatura, nivel, presión y flujo. Opera y da mantenimiento a equipos
programables para aplicación a controles secuenciales tales como; controlador
lógico programable, microprocesador, computadora personal, etc.
Fundición
de metales.
En este
taller se realiza la supervisión, programación y control de procesos de moldeo,
fundición, forja y soldadura para el diseño, producción, reparación y
conservación de las herramientas requeridas en los procesos de producción.
Maquinas y
herramientas.
Este
taller se encuentra ubicado en un edificio al fondo de las instalaciones,
cuenta con 7 mesas de trabajo, 13 tomas, 4 taladros, 5 prensadoras, 5
esmeriles, una amplia caseta de herramientas, afiladoras, una gran cierra, 13
tomas mas para manejar tal, entre otras muchas herramientas.
Mano
facturas metálicas.
En este
taller se encuentran maquinas soldadoras, eléctricas, rayos x, doblado de
lamina, soldadura por tic. Pero solo tienen funcionamiento 7 maquinas
soldadoras. En este taller es obligatorio un coordinador además de que cuenta
con dos maestros extras.
Telecomunicaciones.
Este
taller se encarga de enseñar a supervisar la producción y el desarrollo de
programas de mantenimiento de equipos de comunicación; telefonía digital o
celular, radio transistor y/o AM-FM, analógico o digital, televisión,
microprocesadores, micro controladores, microondas, computadoras, etc.
Bloque 2.
Como en el
bloque 1, antes de dar comienzo explicaremos que se vera a continuación, así
como también diré que temas se estudiaron en este bloque. Lo primero que se
vera en este pequeño bloque será un reportaje de realizado por los estudiantes
del SEDMEJA acerca de las especialidades que se pueden estudiar en esta
institución, aquí se describirán a groso modo cada uno de los talleres, después
analizaremos un cuento que habla de un perro negro realizado por mi mismo, y
para finalizar mostrare un cuento titulado Chac Mool. Pero antes de todo esto
dedicare unas líneas a todos los temas que se abarcaron en este bloque; en este
bloque vimos los distintos tipos de textos, la estructura de los mismos,
analizamos que compone a un párrafo, y aprendimos algunas estrategias de
lectura. Sin más que decir aquí inicia el bloque 2…
Historieta con elementos de comunicacion
A continuación identificare cada uno de los elementos de la
comunicación presentados en esta pequeña historieta…
En este caso muestro una tira del famoso gato Garfield en
donde Jon representa al emisor, Garfield es el receptor, el mensaje vendría
siendo lo que se comunican entre ellos, el código es la lengua española
(Latinoamérica), el canal seria verbal y
el contexto podría ser la cocina.
Introducción al blog.
Este blog se creo
como parte de un trabajo final de la materia de lectura, expresión oral y
escrita para demostrar todo lo aprendido
en el primer semestre, y que mejor manera para hacerlo que por medio de un
escrito, así que empecemos. Primero lo
primero…. como ya dije a continuación
describiré a muy grandes rasgos, desde las bases de la comunicación, así como
que elementos la conforman, hasta los modos existentes de la misma, los temas a
abordar serán levemente extensos por lo que será necesario el dividirlos en 3
partes a las que nombraremos bloques, iniciando, desde luego con la primera
parte; El bloque 1…
Cancion y su respectiva "traducción"
Como era de
esperar inicialmente mostrare la canción original, seguida de su “traducción”
realizada por mí…
Ya chole chango chilango
que chafa chamba te chutas
no checa andar de tacuche
y chale con la charola.
Tan choncho como una chinche
mas chueco que la fayuca
con fusca y con cachiporra
te paso andar de guarura.
Mejor yo me hecho una chela
y chance enchufo una chava
chambiando de chafirete
me sobra chupe y pachanga.
Si choco saco chipote
la chota no es muy molacha
chiveando a los que machucan
se va a morder su talacha.
De noche caigo al congal
no manches dice la changa
al choro del teporocho
enchifla pasa la pacha.
Mi ñero mata la facha
y canta la cucaracha
su choya vive de chochos
de chemo, chupe y garnachas.
PACHUCOS, CHOLOS Y CHUNDOS,
CHINCHINFLAS Y MALAFACHAS
ACA LOS CHOMPIRAS RIFAN
Y BAILAN TIBIRITABARA.
Transando de arriba abajo
ahí va la chilanga banda
chinchin si me la recuerdan
carcacha y se les retacha.
que chafa chamba te chutas
no checa andar de tacuche
y chale con la charola.
Tan choncho como una chinche
mas chueco que la fayuca
con fusca y con cachiporra
te paso andar de guarura.
Mejor yo me hecho una chela
y chance enchufo una chava
chambiando de chafirete
me sobra chupe y pachanga.
Si choco saco chipote
la chota no es muy molacha
chiveando a los que machucan
se va a morder su talacha.
De noche caigo al congal
no manches dice la changa
al choro del teporocho
enchifla pasa la pacha.
Mi ñero mata la facha
y canta la cucaracha
su choya vive de chochos
de chemo, chupe y garnachas.
PACHUCOS, CHOLOS Y CHUNDOS,
CHINCHINFLAS Y MALAFACHAS
ACA LOS CHOMPIRAS RIFAN
Y BAILAN TIBIRITABARA.
Transando de arriba abajo
ahí va la chilanga banda
chinchin si me la recuerdan
carcacha y se les retacha.
Traducción:
Ya basta chilango
que feo trabajo tienes
no te queda andar de traje
y tampoco la placa
Tan gordo como una chinche
Mas falso que la pirateria
Con pistola y macana
te gusta trabajar de
guardaespaldas
Mejor me tomo una cerveza
y quiza hasta consiga novia
trabajando de chofer
me sobra alcohol y fiestas.
Si estrello mi auto, me
lastimo
la policia no es muy buena
pidiendo dinero para comer a
los que atropellan
va a quitarle el dinero a
los conductores
De noche me voy al club
No molestes dice la chica
a los orines del vagabundo
rapido pasa la botella de alcohol.
Mi compadre fuma un poco
mientras canta la cucaracha
mientras canta la cucaracha
se la vive con amigas
con churros y comida
Pachucos, cholos y chundos
chinchinflas y malafachas
aca los chompiras mandan
y bailan tibiritabara
Mi amigo se acaba su cigarro
se la pasa a la pandilla
chilanga
chinchi si me la recuerdan
yo les regreso el insulto.
Cuadro de las variaciones de la lengua
En el siguiente
cuadro se explicaran las variaciones de la lengua, ejemplificando cada una.
|
|
Tipo
|
Uso
|
Ejemplos
|
|
GEOGRÁFICAS
|
General
|
Se utiliza para
comunicarse con casi cualquier persona. Su uso se generaliza casi a cualquier
grupo social.
|
¿Dónde vives? Mañana es
jueves. Hoy no voy a salir. Tengo sueño.
¿Me ayudas?
|
|
Regional o directo
|
Este tipo se utiliza de
forma distinta en cada región, dependiendo de donde se encuentre.
|
¿Qué hay de comer?
¿Cuándo sales?
Fue divertido.
Me gustaría platicar
¿Por qué?
|
|
|
Urbano
|
Sirve para hablar con la
gente de forma mas apropiada.
|
Que tenga buen día.
¿Me podría indicar donde?
Muchas gracias que tenga
suerte.
Con mucho gusto.
Con permiso.
|
|
|
Rural
|
Es una forma menos apropiada
y formal de comunicarse.
|
Nel yo no.
Jalate a tu prima.
Ay pa la otra.
Ni mais paloma.
No hay pex.
|
|
|
SOCIALES
|
Culto
|
Se usa en un contexto más
formal y con corrección.
|
Infante.
Ómnibus.
Nana
Ropaje.
Definición.
|
|
Familiar
|
Como su nombre lo dice se utiliza
para hablar en familia de manera informal.
|
Pariente.
Órale tío.
Simón.
Chamaco.
|
|
|
Jerga
|
Sirve para hablar en
terreno profesional.
|
A babor.
Ensefalza.
Hematoma.
Omnidireccional.
Vuelva pronto.
|
|
|
Calo
|
Se usa para comunicar
cosas de manera menos apropiada.
|
Ya estas.
No mames.
Ni madres.
Chido.
Wey.
|
Cuento de variaciones de la lengua; "El día del derrumbe" de Juan Rulfo
En el cuento de a
continuación se pueden apreciar varias de las variaciones del lenguaje español.
—Esto pasó en septiembre. No en el
septiembre de este año sino en el del año pasado. ¿O fue el antepasado,
Melitón?
—No, fue el pasado.
— Sí, si yo me acordaba bien. Fue en
septiembre del año pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón, ¿no fue el
veintiuno de septiembre el mero día del temblor?
—Fue un poco antes. Tengo entendido que
fue por el dieciocho.
—Tienes razón. Yo por esos días andaba
en Tuzcacuexco. Hasta vi cuando se derrumbaban las casas como si estuviera m
echas de melcocha; nomás se retorcían así, haciendo muecas y se venían las
paredes enteras contra el suelo. Y la gente salía de los escombros toda
aterrorizada corriendo derecho a la iglesia dando de gritos. Pero espérense.
Oye, Melitón, se me hace como que en Tuzcacuexco no existe ninguna iglesia. ¿Tú
no te acuerdas?
—No la hay. Allí no quedan más que unas
paredes cuarteadas que dicen fue la iglesia hace algo así como doscientos años;
pero nadie se acuerda de ella, ni de cómo era; aquello más bien parece un
corral abandonado plagado de higuerillas''.
—Dices bien. Entonces no fue en
Tuzcacuexco donde me agarró el temblor. Ha de haber sido en El Pochote. ¿Pero
El Pochote es un rancho, no?
—Sí, pero tiene una capillita que allí le
dicen la iglesia; está un poco más allá de la hacienda de los Alcatraces.
—Entonces fue allí ni más ni menos
donde me agarró el temblor ese que les digo y cuando la tierra se pandeaba
todita como si por dentro la estuvieran rebullendo. Bueno, unos pocos días
después, porque me acuerdo que todavía estábamos apuntalando paredes, llegó el
gobernador; venía a ver qué ayuda podía prestar con su presencia. Todos ustedes
saben que nomás con que se presente el gobernador, con tal de que la gente lo
mire, todo se queda arreglado. La cuestión está en que al menos venga a ver lo
que sucede, y no que se esté, allá metido en su casa, nomás dando órdenes. En
viniendo él, todo se arregla, y la gente, aunque se le haya caído la casa
encima, queda muy contento con haberlo conocido. ¿O no es así Melitón?
—Eso que ni qué.
—Bueno, como les estaba diciendo, en
septiembre del año pasado, un poquito después de los temblores cayó por aquí el
gobernador para ver como nos había tratado el terremoto. Traía geólogo y gente
conocedora, no crean ustedes que venía solo. Oye, Melitón, ¿como cuánto dinero
nos costó darles de comer a los acompañantes del gobernador?
—Algo así como cuatro mil pesos.
—Y eso que nomás estuvieron un día y en
cuanto se les hizo de noche se fueron, si no, quién sabe hasta qué alturas
hubiéramos salido desfalcados, aunque eso sí, estuvimos muy contentos: la gente
estaba que se le reventaba el pescuezo de tanto estirarlo para poder ver al
gobernador y haciendo comentarios de cómo se había comido el guajolote y de que
si había chupado los huesos, y de cómo era de rápido para levantar una tortilla
tras otra rociándolas con salsa de guacamole; en todo se fijaron. Y él tan
tranquilo, tan serio, limpiándose las manos en los calcetines para no ensuciar
la servilleta, que sólo le sirvió para espolvorearse de vez en vez los bigotes.
Y después cuando el ponche de granadas se les subió a la cabeza, comenzaron a
cantar todos en coro. Oye, Melitón ¿cuál fue la canción esa que estuvieron
repite y repite como disco rayado?
—Fue una que decía: “No sabes del alma
las horas de luto.”
—Eres bueno para eso de la memoria
Melitón, no cabe duda. Sí fue ésa. Y el gobernador nomás reía; pidió saber
dónde estaba el cuarto de baño. Luego se sentó nuevamente en su lugar, olió los
claveles que estaban sobre la mesa. Miraba a los que cantaban, y movía la
cabeza, llevando el compás, sonriendo. No cabe duda que se sentía feliz porque
su pueblo era feliz, hasta se le podía adivinar el pensamiento. Y a la hora de
los discursos se paró uno de sus acompañantes, que tenía la cara alzada un poco
borneada a la izquierda. Y habló. Y no cabe duda de que se las traía. Hablo de
Juárez, que nosotros teníamos levantado en la plaza, y hasta entonces supimos
que era la estatua de Juárez, pues nunca nadie nos había podido decir quién era
el individuo que estaba encaramado en el monumento aquel. Siempre creímos que
podía ser Hidalgo o Morelos Venustiano Carranza, porque en cada aniversario de
cualquiera de ellos, allí les hacíamos su función. Hasta que el catrincito
aquel nos vino a decir que se trataba de don Benito Juárez. ¡Y las cosas que
dijo! , ¿No es verdad, Melitón? Tú que tienes tan buena memoria te has de
acordar bien de lo que recitó aquel fulano.
—Me acuerdo muy bien; pero ya lo he
repetido tantas veces que hasta resulta enfadoso.
—Bueno, no es necesario. Sólo que estos
señores se pierden de algo bueno. Ya les dirás mejor lo que dijo el gobernador.
“La cosa es que aquello, en lugar de
ser una visita a los dolientes y a los que habían perdido sus casas, se
convirtió en una borrachera de las buenas. Y ya no se diga cuando entró al
pueblo la música de Tepec, que llegó retrasada por eso de que todos los
camiones se habían ocupado en el acarreo de la gente del gobernador y los
músicos tuvieron que venirse a pie; pero llegaron. Entraron sonándole duro al
arpa y a la tambora, haciendo tatachum, chum, chum, con los platillos,
arreándole fuerte y con ganas al Zopilote Mojado. Aquello estaba de haberse
visto, hasta el gobernador se quitó el saco y se desabrochó la corbata, y la
cosa siguió de refilón. Trajeron más damajuanas de ponche y se dieron prisa en
tatemar más carne de venado, porque aunque ustedes no lo quieran creer y ellos
no se dieran cuenta, estaban comiendo carne de venado, del que por aquí abunda.
Nosotros nos reíamos cuando decían que estaba muy buena la barbacoa, ¿o no,
Melitón?, cuando por aquí no sabemos ni lo que es eso de barbacoa. Lo cierto es
que apenas les servíamos un plato y ya querían otro y ni modo, allí estábamos
para servirlos; porque como dijo Liborio, el administrador del Timbre, que
entre paréntesis siempre fue muy agarrado: ‘No importa que esta recepción nos
cueste lo que nos cueste que para algo ha de servir el dinero’, y luego tú,
Melitón, que por ese tiempo eras presidente municipal, y que hasta te desconocí
cuando dijiste: ‘Que se chorrié el ponche, una visita de éstas no se
desmerece.’ Y sí se chorrió el ponche, ésa es la pura verdad; hasta los
manteles estaban colorados. Y la gente aquella que parecía no tener llenadero.
Sólo me fijé que el gobernador no se movía de su sitio; que no estiraba ni la
mano, sino que sólo se comía y bebía lo que le arrimaban; pero la bola de
lambiscones se desvivían por tenerle la mesa tan llena que hasta ya no cabía ni
el salero que él tenía en la mano y que cuando lo desocupaba se lo metía en la
bolsa de la camisa. Hasta yo fui a decirle: ‘¿No gusta sal mi general?’, y él
me enseñó riendo el salero que tenía en la bolsa de la camisa, por eso me di
cuenta.
“Lo grande estuvo cuando él comenzó a
hablar. Se nos enchinó; el pellejo a todos de la pura emoción. Se fue
enderezando, despacio, muy despacio, hasta que lo vimos echar la silla hacia
atrás con el pie; poner sus manos en la mesa; agachar la cabeza como si fuera a
agarrar vuelo y luego su tos, que nos puso a todos en silencio. ¿Qué fue lo que
dijo, Melitón?
“—Conciudadanos —dijo—. Rememorando mi
trayectoria, vivificando el único proceder de mis promesas. Ante esta tierra
que visité como anónimo compañero de un candidato a la Presidencia, cooperador
omnímodo de un hombre representativo, cuya honradez no ha estado nunca
desligada del contexto de sus manifestaciones políticas y que sí, en cambio, es
firme glosa de principios democráticos en el supremo vínculo de unión con el
pueblo, aunando a la austeridad de que ha dado muestras la síntesis evidente de
idealismo revolucionario nunca hasta ahora pleno de realizaciones y de
certidumbre.”
— Allí hubo aplausos, ¿o no, Melitón?
—Si muchos aplausos. Después siguió:
“—Mi trazo es el mismo; conciudadanos.
Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que únicamente
podía cumplir y que al cristalizar, tradujérase en beneficio colectivo y no en
subjuntivo, ni participio de una familia genérica de ciudadanos. Hoy estamos
aquí presentes, en este caso paradojal de la naturaleza, no previsto dentro de
mi programa de gobierno...”
“—¡Exacto, mi general! —gritó uno de
por allá—. ¡Exacto! Usted lo ha dicho.”
“...—En este caso, digo, cuando la
naturaleza nos ha castigado, nuestra presencia receptiva en el centro del
epicentro telúrico que ha devastado hogares que podían haber sido los nuestros,
que son los nuestros; concurrimos en el auxilio, no con el deseo neroniano de
gozarnos en la desgracia ajena, más aún, inminentemente dispuestos a utilizar
muníficamente nuestro esfuerzo en la reconstrucción de los hogares destruidos
hermanalmente dispuestos en los consuelos de los hogares menoscabados por la
muerte. Este lugar que yo visité hace años, lejano entoces a toda ambición de
poder, antaño feliz, hogaño enlutecido, me duele. Sí, conciudadanos, me laceran
las heridas de los vivos por sus bienes perdidos y la clamante dolencia de los
seres por sus muertos insepultos bajo estos escombros que estamos presenciado.”
—Allí también hubo aplausos, ¿verdad,
Melitón?
—No, allí volvió a oírse el gritón de
antes: “¡Exacto, señor gobernador! Usted lo ha dicho.” Y luego otro de más acá
que dijo: “¡Callen a ese borracho!”
—Ah, sí. Y hasta pareció que iba a
haber un tumulto en la mera cola de la mesa, pero todos se apaciguaron cuando
el gobernador habló de nuevo.
“—Tuzcacuenses, vuelvo a insistir: me
duele vuestra desgracia, pues a pesar de lo que decía Bernal, el gran Bernal
Díaz del Castillo: ‘Los hombres que murieron había sido contratados para la
muerte’, yo, en los considerandos de mi concepto ontológico y humano, digo: ¡Me
duele!, con el dolor que produce ver derruido el árbol en su primera inflorescencia.
Os ayudaremos con nuestro poder. Las fuerzas vivas del Estado desde su
faldisterio claman por socorrer a los damnificados de esta hecatombe nunca
predecida ni deseada. Mi regencia no terminará sin haberos cumplido. Por otra
parte, no creo que la voluntad de Dios haya sido la de causaros detrimento, la
de desaposentaros...”
—Y allí terminó. Lo que dijo después no
me lo aprendí porque la bulla que se soltó en las mesas de atrás creció y se
volvió retedifícil conseguir lo que él siguió diciendo.
—Es muy cierto, Melitón. Aquello estuvo
de haberse visto. Con eso les digo todo. Y es que el mismo sujeto de la
comitiva se puso a gritar otra vez: “¡Exacto! ¡Exacto!”, con un chillidos que
se oían hasta la calle. Y cuando lo quisieron callar saco la la pistola y
comenzó a darle de chacamotas por encima de su cabeza mientras la descargaba
contra el techo. Y la gente que estaba allí de mirona echó a correr a la hora
de los balazos. Y tumbó las mesas en la caída que llevaba y se oyó el rompedero
de platos y de vidrios y los botellazos que le tiraban al fulano de la pistola
para que se calmara, y que nomás se estrellaba en la pared. Y el otro, que tuvo
todavía tiempo de meter otro cargador al arma y lo descargaba de nueva cuenta
mientras se ladeaba de aquí para alla escabulléndole el bulto a las botellas
voladoras que le aventaban de todas partes.
“Hubieran visto al gobernador allí de
pie muy serio, con la cara fruncida, mirando hacia donde estaba el tumulto como
queriendo calmarlo con su mirada.
“Quién sabe quién fue a decirle a los
músicos que tocaran algo, lo cierto es que se soltaron tocando el Himno
Nacional con todas sus fuerzas, hasta que casi se le reventaba el cachete al
del trombón de lo recio que pitaba; pero aquello siguió igual. Y luego resultó
que allá afuera, en la calle, se había prendido también el pleito. Le vinieron
a avisar al gobernador que por allá unos se estaban dando de machetazos; y
fijándose bien, era cierto, porque hasta acá se oían voces de mujeres que decían:
¡Apártenlos que se van a matar! Y al rato otro grito que decía: ¡Ya mataron a
mi marido! ¡Agárrenlo!
“Y el gobernador ni se movía, seguía de
pie. Oye, Melitón, cómo es esa palabra que se dice...”
—Impávido.
—Eso es, impávido. Bueno, con el
argüende de afuera la cosa aquí dentro pareció calmarse. El borrachito del
“exacto” estaba dormido; le habían atinado un botellazo y se había quedado todo
despatarrado tirado en el suelo. El gobernador se arrimó entonces al fulano
aquel y le quitó la pistola que tenía todavía agarrada en una de sus manos
agarrotadas por el desmayo. Se la dio a otro y le dijo: “Encárgate de él y toma
nota de que queda desautorizado a portar armas.” Y el otro contestó: “Sí, mi
general.”
“La música, no sé por qué, siguió toque
y toque el Himno Nacional, hasta que el catrincito que había hablado en un
principio, alzó los brazos y pidió silencio por las víctimas. Oye, Melitón,
¿por cuáles víctimas pidió él que todos nos asilenciáramos?”
—Por las del efipoco.
—Bueno, pues por ésas. Después todos se
sentaron, enderezaron otra vez las mesas y siguieron bebiendo ponche y cantando
la canción esa de las “horas de luto”.
“Ora me estoy acordando que sí fue por
el veintiuno de septiembre el borlote ; porque mi mujer tuvo ese día a nuestro
hijo Merencio, y yo llegué ya muy noche a mi casa, más bien borracho que
buenisano. Y ella no me habló en muchas semanas arguyendo que la había dejado
sola con su compromiso. Ya cuando se contentó me dijo—que yo no había sido
bueno ni para llamar a la comadrona y que tuvo que salir del paso a como Dios
le dio a entender.”
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