viernes, 3 de enero de 2014

Conclucion

Para cerrar con broche de oro este trabajo redactare unos renglones acerca de lo que me pareció la metería de LEOE en este primer semestre de preparatoria; En mi opinión personal la materia en si no me fue de mucho agrado, pero eso no implica que no sea importante para mi ni mucho menos, solo significa que aunque creo que es una de las materias mas necesarias y útiles para la vida cotidiana, sinceramente me pareció algo tétrica, pero en fin es requerida para mi y eso es lo que importa. Tuve la oportunidad de aprender muchísimas cosas en el transcurso de este semestre, y afortunadamente de igual forma pude ponerlas en practica,  pero no solo en la escuela, también en mi casa y con mis amigos, y es por esto que esta materia es tan importante para mi, ya que a diferencia de otras materias como lo podría ser química  e historia, (solo por mencionar algunas) esta me será de mucha ayuda a lo largo de mi vida, tanto social como estudiantil y de mas. Me gustaría seguir aprendiendo mas acerca de esta materia, pues creo que cubre una gama de estudios bastante extensa y dudo mucho que ya haya aprendido todo lo que necesitaba saber.  Sin mas que agregar doy por terminado este proyecto, y con el este primer semestre.


Noticia del SEDMEJA

Sinceramente no pude encontrar ni la noticia ni el cuestionario, pero debía incluirlos en la descripción del bloque y es por eso que me vi obligado a subir esta sección, aunque el contenido no es lo que debería ser en realidad. 

La contaminacion ambiental.

La noticia que mostrare a continuación será un breve resumen de el tema original, iniciando por el tema de la contaminación, pero a mayor detalle, debido a que en este tema nos centraremos en como afecta a los humanos, uno de los ejemplos mas claros de lo que digo es la explosión del reactor nuclear en Chernoville, ya que esta causo una radiación en toda la zona y en sus alrededores lo que afecto a los seres humanos en un sinfín de formas, desde los daños físicos y psicológicos, hasta en su misma economía .

El punto que se quería exponer con el tema es que el ser humano es el causante de sus propias desgracias y en la mayoría de los casos todas estas cosas pudieron haberse evitado, pero desgraciadamente no es así, pues no todas las personas se preocupan por los demás y en algunos casos ni por si mismas. Principalmente se creo este espacio para reflexión propia y aunque este texto no es lo necesariamente extenso creo que capta la idea principal de la mayoría de los documentales que hablan a cerca de la contaminación.

Bloque 3.

En este tercer y ultimo bloque tendremos la oportunidad de analizar un texto que habla acerca de la contaminación ambiental, en este mismo texto identificaremos los tipos de párrafo que lo conforman, después mostrare una “noticia” (por así decirle) creada por mi y otros compañeros del SEDMEJA en la cual se mostrara el punto de vista de un profesor de la misma institución acerca de varios temas referentes a la misma, y por ultimo, pero no menos importante podrá ver el cuestionario utilizado para la realización de la noticia previamente dicha. Pero como en los dos bloques anteriores antes de dar inicio mencionare los temas que se estudiaron en este último bloque; el primer tema que estudiamos fueron los mecanismos de coherencia, después vimos los modos discursivos y por ultimo los resúmenes. Ya aclarado esto, doy inicio a este bloque propiamente dicho.

Cuento de Chac Mool

Lo que esta por leer es un cuento escrito por Carlos Fuentes
Hace poco tiempo, Filiberto murió ahogado en Acapulco. Sucedió en Semana Santa. Aunque había sido despedido de su empleo en la Secretaría, Filiberto no pudo resistir la tentación burocrática de ir, como todos los años, a la pensión alemana, comer el choucrout endulzado por los sudores de la cocina tropical, bailar el Sábado de Gloria en La Quebrada y sentirse “gente conocida” en el oscuro anonimato vespertino de la Playa de Hornos. Claro, sabíamos que en su juventud había nadado bien; pero ahora, a los cuarenta, y tan desmejorado como se le veía, ¡intentar salvar, a la medianoche, el largo trecho entre Caleta y la isla de la Roqueta! Frau Müller no permitió que se le velara, a pesar de ser un cliente tan antiguo, en la pensión; por el contrario, esa noche organizó un baile en la terracita sofocada, mientras Filiberto esperaba, muy pálido dentro de su caja, a que saliera el camión matutino de la terminal, y pasó acompañado de huacales y fardos la primera noche de su nueva vida. Cuando llegué, muy temprano, a vigilar el embarque del féretro, Filiberto estaba bajo un túmulo de cocos: el chofer dijo que lo acomodáramos rápidamente en el toldo y lo cubriéramos con lonas, para que no se espantaran los pasajeros, y a ver si no le habíamos echado la sal al viaje.

Salimos de Acapulco a la hora de la brisa tempranera. Hasta Tierra Colorada nacieron el calor y la luz. Mientras desayunaba huevos y chorizo abrí el cartapacio de Filiberto, recogido el día anterior, junto con sus otras pertenencias, en la pensión de los Müller. Doscientos pesos. Un periódico derogado de la ciudad de México. Cachos de lotería. El pasaje de ida -¿sólo de ida? Y el cuaderno barato, de hojas cuadriculadas y tapas de papel mármol.

Me aventuré a leerlo, a pesar de las curvas, el hedor a vómitos y cierto sentimiento natural de respeto por la vida privada de mi difunto amigo. Recordaría -sí, empezaba con eso- nuestra cotidiana labor en la oficina; quizá sabría, al fin, por qué fue declinado, olvidando sus deberes, por qué dictaba oficios sin sentido, ni número, ni “Sufragio Efectivo No Reelección”. Por qué, en fin, fue corrido, olvidaba la pensión, sin respetar los escalafones.

“Hoy fui a arreglar lo de mi pensión. El Licenciado, amabilísimo. Salí tan contento que decidí gastar cinco pesos en un café. Es el mismo al que íbamos de jóvenes y al que ahora nunca concurro, porque me recuerda que a los veinte años podía darme más lujos que a los cuarenta. Entonces todos estábamos en un mismo plano, hubiéramos rechazado con energía cualquier opinión peyorativa hacia los compañeros; de hecho, librábamos la batalla por aquellos a quienes en la casa discutían por su baja extracción o falta de elegancia. Yo sabía que muchos de ellos (quizá los más humildes) llegarían muy alto y aquí, en la Escuela, se iban a forjar las amistades duraderas en cuya compañía cursaríamos el mar bravío. No, no fue así. No hubo reglas. Muchos de los humildes se quedaron allí, muchos llegaron más arriba de lo que pudimos pronosticar en aquellas fogosas, amables tertulias. Otros, que parecíamos prometerlo todo, nos quedamos a la mitad del camino, destripados en un examen extracurricular, aislados por una zanja invisible de los que triunfaron y de los que nada alcanzaron. En fin, hoy volví a sentarme en las sillas modernizadas -también hay, como barricada de una invasión, una fuente de sodas- y pretendí leer expedientes. Vi a muchos antiguos compañeros, cambiados, amnésicos, retocados de luz neón, prósperos. Con el café que casi no reconocía, con la ciudad misma, habían ido cincelándose a ritmo distinto del mío. No, ya no me reconocían; o no me querían reconocer. A lo sumo -uno o dos- una mano gorda y rápida sobre el hombro. Adiós viejo, qué tal. Entre ellos y yo mediaban los dieciocho agujeros del Country Club. Me disfracé detrás de los expedientes. Desfilaron en mi memoria los años de las grandes ilusiones, de los pronósticos felices y, también todas las omisiones que impidieron su realización. Sentí la angustia de no poder meter los dedos en el pasado y pegar los trozos de algún rompecabezas abandonado; pero el arcón de los juguetes se va olvidando y, al cabo, ¿quién sabrá dónde fueron a dar los soldados de plomo, los cascos, las espadas de madera? Los disfraces tan queridos, no fueron más que eso. Y sin embargo, había habido constancia, disciplina, apego al deber. ¿No era suficiente, o sobraba? En ocasiones me asaltaba el recuerdo de Rilquee. La gran recompensa de la aventura de juventud debe ser la muerte; jóvenes, debemos partir con todos nuestros secretos. Hoy, no tendría que volver la mirada a las ciudades de sal. ¿Cinco pesos? Dos de propina.”

“Pepe, aparte de su pasión por el derecho mercantil, gusta de teorizar. Me vio salir de Catedral, y juntos nos encaminamos a Palacio. Él es descreído, pero no le basta; en media cuadra tuvo que fabricar una teoría. Que si yo no fuera mexicano, no adoraría a Cristo y -No, mira, parece evidente. Llegan los españoles y te proponen adorar a un Dios muerto hecho un coágulo, con el costado herido, clavado en una cruz. Sacrificado. Ofrendado. ¿Qué cosa más natural que aceptar un sentimiento tan cercano a todo tu ceremonial, a toda tu vida?... figúrate, en cambio, que México hubiera sido conquistado por budistas o por mahometanos. No es concebible que nuestros indios veneraran a un individuo que murió de indigestión. Pero un Dios al que no le basta que se sacrifiquen por él, sino que incluso va a que le arranquen el corazón, ¡caramba, jaque mate a Huitzilopochtli! El cristianismo, en su sentido cálido, sangriento, de sacrificio y liturgia, se vuelve una prolongación natural y novedosa de la religión indígena. Los aspectos caridad, amor y la otra mejilla, en cambio, son rechazados. Y todo en México es eso: hay que matar a los hombres para poder creer en ellos.

“Pepe conocía mi afición, desde joven, por ciertas formas de arte indígena mexicana. Yo colecciono estatuillas, ídolos, cacharros. Mis fines de semana los paso en Tlaxcala o en Teotihuacán. Acaso por esto le guste relacionar todas las teorías que elabora para mi consumo con estos temas. Por cierto que busco una réplica razonable del Chac Mool desde hace tiempo, y hoy Pepe me informa de un lugar en la Lagunilla donde venden uno de piedra y parece que barato. Voy a ir el domingo.

“Un guasón pintó de rojo el agua del garrafón en la oficina, con la consiguiente perturbación de las labores. He debido consignarlo al Director, a quien sólo le dio mucha risa. El culpable se ha valido de esta circunstancia para hacer sarcasmos a mis costillas el día entero, todos en torno al agua. Ch...”

“Hoy domingo, aproveché para ir a la Lagunilla. Encontré el Chac Mool en la tienducha que me señaló Pepe. Es una pieza preciosa, de tamaño natural, y aunque el marchante asegura su originalidad, lo dudo. La piedra es corriente, pero ello no aminora la elegancia de la postura o lo macizo del bloque. El desleal vendedor le ha embarrado salsa de tomate en la barriga al ídolo para convencer a los turistas de la sangrienta autenticidad de la escultura.

“El traslado a la casa me costó más que la adquisición. Pero ya está aquChac Moolí, por el momento en el sótano mientras reorganizo mi cuarto de trofeos a fin de darle cabida. Estas figuras necesitan sol vertical y fogoso; ese fue su elemento y condición. Pierde mucho mi Chac Mool en la oscuridad del sótano; allí, es un simple bulto agónico, y su mueca parece reprocharme que le niegue la luz. El comerciante tenía un foco que iluminaba verticalmente en la escultura, recortando todas sus aristas y dándole una expresión más amable. Habrá que seguir su ejemplo.”

“Amanecí con la tubería descompuesta. Incauto, dejé correr el agua de la cocina y se desbordó, corrió por el piso y llego hasta el sótano, sin que me percatara. El Chac Mool resiste la humedad, pero mis maletas sufrieron. Todo esto, en día de labores, me obligó a llegar tarde a la oficina.”

“Vinieron, por fin, a arreglar la tubería. Las maletas, torcidas. Y el Chac Mool, con lama en la base.”

“Desperté a la una: había escuchado un quejido terrible. Pensé en ladrones. Pura imaginación.”

“Los lamentos nocturnos han seguido. No sé a qué atribuirlo, pero estoy nervioso. Para colmo de males, la tubería volvió a descomponerse, y las lluvias se han colado, inundando el sótano.”

“El plomero no viene; estoy desesperado. Del Departamento del Distrito Federal, más vale no hablar. Es la primera vez que el agua de las lluvias no obedece a las coladeras y viene a dar a mi sótano. Los quejidos han cesado: vaya una cosa por otra.”

“Secaron el sótano, y el Chac Mool está cubierto de lama. Le da un aspecto grotesco, porque toda la masa de la escultura parece padecer de una erisipela verde, salvo los ojos, que han permanecido de piedra. Voy a aprovechar el domingo para raspar el musgo. Pepe me ha recomendado cambiarme a una casa de apartamentos, y tomar el piso más alto, para evitar estas tragedias acuáticas. Pero yo no puedo dejar este caserón, ciertamente es muy grande para mí solo, un poco lúgubre en su arquitectura porfiriana. Pero es la única herencia y recuerdo de mis padres. No sé qué me daría ver una fuente de sodas con sinfonola en el sótano y una tienda de decoración en la planta baja.”

“Fui a raspar el musgo del Chac Mool con una espátula. Parecía ser ya parte de la piedra; fue labor de más de una hora, y sólo a las seis de la tarde pude terminar. No se distinguía muy bien la penumbra; al finalizar el trabajo, seguí con la mano los contornos de la piedra. Cada vez que lo repasaba, el bloque parecía reblandecerse. No quise creerlo: era ya casi una pasta. Este mercader de la Lagunilla me ha timado. Su escultura precolombina es puro yeso, y la humedad acabará por arruinarla. Le he echado encima unos trapos; mañana la pasaré a la pieza de arriba, antes de que sufra un deterioro total.”

“Los trapos han caído al suelo, increíble. Volví a palpar el Chac Mool. Se ha endurecido pero no vuelve a la consistencia de la piedra. No quiero escribirlo: hay en el torso algo de la textura de la carne, al apretar los brazos los siento de goma, siento que algo circula por esa figura recostada... Volví a bajar en la noche. No cabe duda: el Chac Mool tiene vello en los brazos.”

“Esto nunca me había sucedido. Tergiversé los asuntos en la oficina, giré una orden de pago que no estaba autorizada, y el Director tuvo que llamarme la atención. Quizá me mostré hasta descortés con los compañeros. Tendré que ver a un médico, saber si es mi imaginación o delirio o qué, y deshacerme de ese maldito Chac Mool.”

Hasta aquí la escritura de Filiberto era la antigua, la que tantas veces vi en formas y memoranda, ancha y ovalada. La entrada del 25 de agosto, sin embargo, parecía escrita por otra persona. A veces como niño, separando trabajosamente cada letra; otras, nerviosa, hasta diluirse en lo ininteligible. Hay tres días vacíos, y el relato continúa:

“Todo es tan natural; y luego se cree en lo real... pero esto lo es, más que lo creído por mí. Si es real un garrafón, y más, porque nos damos mejor cuenta de su existencia, o estar, si un bromista pinta el agua de rojo... Real bocanada de cigarro efímera, real imagen monstruosa en un espejo de circo, reales, ¿no lo son todos los muertos, presentes y olvidados?... si un hombre atravesara el paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces, qué?... Realidad: cierto día la quebraron en mil pedazos, la cabeza fue a dar allá, la cola aquí y nosotros no conocemos más que uno de los trozos desprendidos de su gran cuerpo. Océano libre y ficticio, sólo real cuando se le aprisiona en el rumor de un caracol marino. Hasta hace tres días, mi realidad lo era al grado de haberse borrado hoy; era movimiento reflejo, rutina, memoria, cartapacio. Y luego, como la tierra que un día tiembla para que recordemos su poder, o como la muerte que un día llegará, recriminando mi olvido de toda la vida, se presenta otra realidad: sabíamos que estaba allí, mostrenca; ahora nos sacude para hacerse viva y presente. Pensé, nuevamente, que era pura imaginación: el Chac Mool, blando y elegante, había cambiado de color en una noche; amarillo, casi dorado, parecía indicarme que era un dios, por ahora laxo, con las rodillas menos tensas que antes, con la sonrisa más benévola. Y ayer, por fin, un despertar sobresaltado, con esa seguridad espantosa de que hay dos respiraciones en la noche, de que en la oscuridad laten más pulsos que el propio. Sí, se escuchaban pasos en la escalera. Pesadilla. Vuelta a dormir... No sé cuánto tiempo pretendí dormir. Cuando volvía a abrir los ojos, aún no amanecía. El cuarto olía a horror, a incienso y sangre. Con la mirada negra, recorrí la recámara, hasta detenerme en dos orificios de luz parpadeante, en dos flámulas crueles y amarillas.

“Casi sin aliento, encendí la luz.

“Allí estaba Chac Mool, erguido, sonriente, ocre, con su barriga encarnada. Me paralizaron los dos ojillos casi bizcos, muy pegados al caballete de la nariz triangular. Los dientes inferiores mordían el labio superior, inmóviles; sólo el brillo del casuelón cuadrado sobre la cabeza anormalmente voluminosa, delataba vida. Chac Mool avanzó hacia mi cama; entonces empezó a llover.”

Recuerdo que a fines de agosto, Filiberto fue despedido de la Secretaría, con una recriminación pública del Director y rumores de locura y hasta de robo. Esto no lo creí. Sí pude ver unos oficios descabellados, preguntándole al Oficial Mayor si el agua podía olerse, ofreciendo sus servicios al Secretario de Recursos Hidráulicos para hacer llover en el desierto. No supe qué explicación darme a mí mismo; pensé que las lluvias excepcionalmente fuertes, de ese verano, habían enervado a mi amigo. O que alguna depresión moral debía producir la vida en aquel caserón antiguo, con la mitad de los cuartos bajo llave y empolvados, sin criados ni vida de familia. Los apuntes siguientes son de fines de septiembre:

“Chac Mool puede ser simpático cuando quiere, ‘...un gluglú de agua embelesada’... Sabe historias fantásticas sobre los monzones, las lluvias ecuatoriales y el castigo de los desiertos; cada planta arranca de su paternidad mítica: el sauce es su hija descarriada, los lotos, sus niños mimados; su suegra, el cacto. Lo que no puedo tolerar es el olor, extrahumano, que emana de esa carne que no lo es, de las sandalias flamantes de vejez. Con risa estridente, Chac Mool revela cómo fue descubierto por Le Plongeon y puesto físicamente en contacto de hombres de otros símbolos. Su espíritu ha vivido en el cántaro y en la tempestad, naturalmente; otra cosa es su piedra, y haberla arrancado del escondite maya en el que yacía es artificial y cruel. Creo que Chac Mool nunca lo perdonará. Él sabe de la inminencia del hecho estético.

“He debido proporcionarle sapolio para que se lave el vientre que el mercader, al creerlo azteca, le untó de salsa queetchup. No pareció gustarle mi pregunta sobre su parentesco con Tlaloc1, y cuando se enoja, sus dientes, de por sí repulsivos, se afilan y brillan. Los primeros días, bajó a dormir al sótano; desde ayer, lo hace en mi cama.”

“Hoy empezó la temporada seca. Ayer, desde la sala donde ahora duermo, comencé a oír los mismos lamentos roncos del principio, seguidos de ruidos terribles. Subí; entreabrí la puerta de la recámara: Chac Mool estaba rompiendo las lámparas, los muebles; al verme, saltó hacia la puerta con las manos arañadas, y apenas pude cerrar e irme a esconder al baño. Luego bajó, jadeante, y pidió agua; todo el día tiene corriendo los grifos, no queda un centímetro seco en la casa. Tengo que dormir muy abrigado, y le he pedido que no empape más la sala2.”

“El Chac inundó hoy la sala. Exasperado, le dije que lo iba a devolver al mercado de la Lagunilla. Tan terrible como su risilla -horrorosamente distinta a cualquier risa de hombre o de animal- fue la bofetada que me dio, con ese brazo cargado de pesados brazaletes. Debo reconocerlo: soy su prisionero. Mi idea original era bien distinta: yo dominaría a Chac Mool, como se domina a un juguete; era, acaso, una prolongación de mi seguridad infantil; pero la niñez -¿quién lo dijo?- es fruto comido por los años, y yo no me he dado cuenta... Ha tomado mi ropa y se pone la bata cuando empieza a brotarle musgo verde. El Chac Mool está acostumbrado a que se le obedezca, desde siempre y para siempre; yo, que nunca he debido mandar, sólo puedo doblegarme ante él. Mientras no llueva -¿y su poder mágico?- vivirá colérico e irritable.”

“Hoy decidí que en las noches Chac Mool sale de la casa. Siempre, al oscurecer, canta una tonada chirriona y antigua, más vieja que el canto mismo. Luego cesa. Toqué varias veces a su puerta, y como no me contestó, me atreví a entrar. No había vuelto a ver la recámara desde el día en que la estatua trató de atacarme: está en ruinas, y allí se concentra ese olor a incienso y sangre que ha permeado la casa. Pero detrás de la puerta, hay huesos: huesos de perros, de ratones y gatos. Esto es lo que roba en la noche el Chac Mool para sustentarse. Esto explica los ladridos espantosos de todas las madrugadas.”

“Febrero, seco. Chac Mool vigila cada paso mío; me ha obligado a telefonear a una fonda para que diariamente me traigan un portaviandas. Pero el dinero sustraído de la oficina ya se va a acabar. Sucedió lo inevitable: desde el día primero, cortaron el agua y la luz por falta de pago. Pero Chac Mool ha descubierto una fuente pública a dos cuadras de aquí; todos los días hago diez o doce viajes por agua, y él me observa desde la azotea. Dice que si intento huir me fulminará: también es Dios del Rayo. Lo que él no sabe es que estoy al tanto de sus correrías nocturnas... Como no hay luz, debo acostarme a las ocho. Ya debería estar acostumbrado al Chac Mool, pero hace poco, en la oscuridad, me topé con él en la escalera, sentí sus brazos helados, las escamas de su piel renovada y quise gritar.”

“Si no llueve pronto, el Chac Mool va a convertirse otra vez en piedra. He notado sus dificultades recientes para moverse; a veces se reclina durante horas, paralizado, contra la pared y parece ser, de nuevo, un ídolo inerme, por más dios de la tempestad y el trueno que se le considere. Pero estos reposos sólo le dan nuevas fuerzas para vejarme, arañarme como si pudiese arrancar algún líquido de mi carne. Ya no tienen lugar aquellos intermedios amables durante los cuales relataba viejos cuentos; creo notar en él una especie de resentimiento concentrado. Ha habido otros indicios que me han puesto a pensar: los vinos de mi bodega se están acabando; Chac Mool acaricia la seda de la bata; quiere que traiga una criada a la casa, me ha hecho enseñarle a usar jabón y lociones. Incluso hay algo viejo en su cara que antes parecía eterna. Aquí puede estar mi salvación: si el Chac cae en tentaciones, si se humaniza, posiblemente todos sus siglos de vida se acumulen en un instante y caiga fulminado por el poder aplazado del tiempo. Pero también me pongo a pensar en algo terrible: el Chac no querrá que yo asista a su derrumbe, no querrá un testigo..., es posible que desee matarme.”

“Hoy aprovecharé la excursión nocturna de Chac para huir. Me iré a Acapulco; veremos qué puede hacerse para conseguir trabajo y esperar la muerte de Chac Mool; sí, se avecina; está canoso, abotagado. Yo necesito asolearme, nadar y recuperar fuerzas. Me quedan cuatrocientos pesos. Iré a la Pensión Müller, que es barata y cómoda. Que se adueñe de todo Chac Mool: a ver cuánto dura sin mis baldes de agua.”

Aquí termina el diario de Filiberto. No quise pensar más en su relato; dormí hasta Cuernavaca. De ahí a México pretendí dar coherencia al escrito, relacionarlo con exceso de trabajo, con algún motivo sicológico. Cuando, a las nueve de la noche, llegamos a la terminal, aún no podía explicarme la locura de mi amigo. Contraté una camioneta para llevar el féretro a casa de Filiberto, y después de allí ordenar el entierro.

Antes de que pudiera introducir la llave en la cerradura, la puerta se abrió. Apareció un indio amarillo, en bata de casa, con bufanda. Su aspecto no podía ser más repulsivo; despedía un olor a loción barata, quería cubrir las arrugas con la cara polveada; tenía la boca embarrada de lápiz labial mal aplicado, y el pelo daba la impresión de estar teñido.

-Perdone... no sabía que Filiberto hubiera...

-No importa; lo sé todo. Dígale a los hombres que lleven el cadáver al sótano.


FIN
Ahora aclarare algunas cosas, o mejor dicho resumiré el cuento;

Para empezar chac mool es el dios de la lluvia.

La historia comienza cuando el "amigo" va a recoger el cadáver de Filiberto que se había ahogado en Acapulco el fin de semana de Semana Santa.
En el transcurso de el camino el "amigo" encuentra un portafolios que pertenecía a Filiberto y ahí encuentra un boleto solo de ida, un cacho de lotería y un cuaderno barato que al parecer después, el se da cuenta era un tipo diario.
En el cuenta lo aburrida que es su vida y como le gustaba coleccionar arte indigena Mexicana y estaba interesado en conseguir un Chac Mool. Menciona que conoce a un tal Pepe que le informa que venden una de piedra y de tamaño natural.
El la compra y al no tener espacio en su casa para ponerla la pone en el sótano. 
Al poco tiempo se le descompone la tubería y el agua acaba en el sótano...
Desde esa noche el empieza a oír ruidos raros pero piensa que es su imaginación y los ignora.
A los pocos días llueve y el sótano se le vuelve a llenar de agua...
Y los ruidos siguen y el sin saber que es.
Un día decide quitarle la lama que le empieza a salir por la humedad y nota como a limpiar su contorno el Chac Mool estaba blandito como piel o carne.
Piensa que le han vendido una imitación de yeso.
Pero una noche descubre que el Chac Mool estaba vivo como el sospechaba,
Al principio parece fascinarle pero después se vuelve su prisionero.
El Chac Mool se apodera de su cama y tiene el agua corriendo en su casa todo el día…
Filiberto también nota que el Chac Mool sale de noche a casar gatos y ratas para comérselas.
Filiberto pierde su trabajo días después y todos piensan que se ha vuelto loco y como ya no tiene con que pagar el agua se la cortan y el Chac Mool lo obliga acarrear aguan en cubetas de una fuente q’ hay cerca de su casa y lo vigila des de la azotea amenazando lo de que si trata de escapar lo matar de un rayo.
Mientras tanto Filiberto nota como el Chac Mool se empieza “hacer humano” se toma los vinos, viste de seda, se maquilla y le pide que le traiga a una “gata” a la casa…
Es cuando Filiberto decide escapar ya que pensaba que sin agua Chac Mool se volverá en piedra. Así hace su viaje pero muere AHOGADO en Acapulco…
Cuando su “amigo” lleva a Filiberto a su casa ve que un indio le abre la puerta, con todas las características del Chac Mool y el le dice que lo sabe todo que lleven su cadáver al sótano.

Nota que donde quiera que Chac Mool este, hay agua…
Piensa que Filiberto murió ahogado…para mi le cumplió la amenaza, no lo fulmino pero si lo ahogo, se salió con la suya. 
En mi opinión Chac Mool mato a Filiberto y tratara de revivirlo al ordenar “llévenlo al sótano”
Y Piensa como o porque el Chac Mool empieza adoptar costumbres humanas…

La historia no afirma si lo que Filiberto relata es cierto o no pero el final lo decides tu ya que termina sin explicaciones y con lo que el amigo ve, un indio amarillo que le dice que “lo se todo.”

Cuento del perro negro.

Nuestra historia comienza en un barrio bajo de una humilde y pequeña ciudad. Aquí no ocurre nada extraordinario, solo habita gente común, ordinaria y aburrida. Todos los días son iguales, tétricos, fríos, rutinarios, en fin, nada divertido pasa por aquí, o al menos no en la vida de los humanos, pero de vez en cuando en la vida de algunos animales las cosas son muy distintas; para ellos cada amanecer es una nueva aventura, cada obstáculo representa un nuevo reto e incluso las cosas mas comunes pueden verse a través de sus ojos como algo de lo mas asombroso e  interesante.
Este era el caso de nuestro pequeño y muy singular amigo Tomy, pues este era su nombre. Tomy era un cachorro de color oscuro, el era simpático, amigable y de mas, pero sobre todo el era un canino de lo mas curioso, no le temía a nada y desgraciadamente por culpa de eso el era un perrito bastante solitario, esto se debía a que todos lo veían como un bicho raro, pues creían ciegamente en que la curiosidad era un peligro mortal del que preferirían no estar cerca. Por si esto fuera poco Tomy era huérfano, nunca pudo conocer a sus padres, pero a el no le importaba nada de eso, el no se daba cuenta de cuan infeliz debería de ser, de hecho en su mundo el era el mas feliz de todos los caninos.
La verdadera aventura de nuestro amigo comenzó una tarde de octubre. Tomy se encontraba vagando alrededor de una de las casas deshabitadas del pequeño pueblo, cuando de repente vio a lo lejos a un pequeño infante de no más de 70 cm jugueteando en el piso con una pequeña pelota de color rojo entre sus pequeñas manos, atraído por la curiosidad Tomy decidió acercarse lentamente a aquella desconocida y peculiar creatura, pero justo antes de poder hacer contacto con el niño su madre se acerco violentamente mientras hacia señas y ruidos incomprensibles para Tomy, quien asustado salió corriendo del acto y al igual que el, la pequeña cría se espanto, a tal grado que rompió en llanto dejando caer su pelotita roja al piso.
Inmediatamente después de que se alejaron las figuras humanoides hasta ese entonces descocidas y ajenas para el pequeño Tomy, este se acerco temeroso al objeto que reposaba inmóvil en el suelo, lo observo por un tiempo, y después de unos minutos con todo cuidado y delicadeza Tomy se lo llevo al hocico, decidido de devolvérselo a su dueño emprendió en ese momento su búsqueda.

Al decir verdad no fue fácil, pero con mucha fuerza de voluntad al paso de 3 agotadores días lo consiguió, al fin había podido localizar al niño,  pero había un gran problema, se encontraban justo al otro lado de una inmensa fuente, cualquier otro perro la hubiera rodeado sin pensarlo 2 veces, pero estaban a unos metros de subirse a un taxi y Tomy, quien no era nada ingenuo, sabia que si lo abordaban era muy posible que no los volviera a encontrar en mucho tiempo. Sin más que pensar Tomy se metió a la fuente casi de manera inconsciente  aunque nunca en su vida había nadado se le hizo algo tan sencillo como el andar en cuatro patas. En menos de 10 segundos había logrado salir de la fuente, pero desgraciadamente se las veía muy difícil, debido a que el niño y su madre ya se encontraban arriba del vehículo, decidido junto todas las pocas fuerzas que le quedaban y lanzo al aire un ladrido potencial, y como llevaba la pelota en el hocico esta cayo al suelo muy cerca de el taxi para su suerte, y gracias a esto se bajaron a levantarla los 2 humanos y fue inevitable que vieran a Tomy ,quien empapado se les acerco amigablemente. El niño lo reconoció de inmediato y la madre pudo notar que le había llevado la pelota a su hijo, por lo que pensó que quizá no seria tan mala idea adoptarlo, y después de meditarlo unos momentos decidió llevárselo, lo subió con cuidado al taxi y Tomy contento coopero, cosa que ningún otro perro hubiera hecho. Desde ese entonces Tomy tiene familia, y aparentemente ya no le temen los demás parros, por el contrario ahora desearían juntarse con el pero aunque el quisiera no creo que lo dejarían, y así esta bien pues ahora es mas feliz que ninguno de los demás.

Reportaje de las especialidades.

A continuación mostrare un reportaje creado por estudiantes del SEDMEJA; donde se muestran algunas de las especialidades que se imparten en esta institución.

Iniciaremos con la especialidad de Programación.
Cuenta con desarrollo de sistemas y aplicaciones de computadora. También diseño de datos, además se enseña el manejo de software como Word, Windows, Excel, power point, entre otros. Y el manejo de la comunicación vía internet.

Electrónica.
Este taller se basa en como decirlo, en el aprendizaje del diseño de sistemas con sensores electrónicos que utilizan elementos neumáticos, también maneja elementos de medición y sistemas de control de variables industriales como lo son; temperatura, nivel, presión y flujo. Opera y da mantenimiento a equipos programables para aplicación a controles secuenciales tales como; controlador lógico programable, microprocesador, computadora personal, etc.

Fundición de metales.
En este taller se realiza la supervisión, programación y control de procesos de moldeo, fundición, forja y soldadura para el diseño, producción, reparación y conservación de las herramientas requeridas en los procesos de producción.

Maquinas y herramientas.
Este taller se encuentra ubicado en un edificio al fondo de las instalaciones, cuenta con 7 mesas de trabajo, 13 tomas, 4 taladros, 5 prensadoras, 5 esmeriles, una amplia caseta de herramientas, afiladoras, una gran cierra, 13 tomas mas para manejar tal, entre otras muchas herramientas.

Mano facturas metálicas.
En este taller se encuentran maquinas soldadoras, eléctricas, rayos x, doblado de lamina, soldadura por tic. Pero solo tienen funcionamiento 7 maquinas soldadoras. En este taller es obligatorio un coordinador además de que cuenta con dos maestros extras.

Telecomunicaciones.

Este taller se encarga de enseñar a supervisar la producción y el desarrollo de programas de mantenimiento de equipos de comunicación; telefonía digital o celular, radio transistor y/o AM-FM, analógico o digital, televisión, microprocesadores, micro controladores, microondas, computadoras, etc.

Bloque 2.

Como en el bloque 1, antes de dar comienzo explicaremos que se vera a continuación, así como también diré que temas se estudiaron en este bloque. Lo primero que se vera en este pequeño bloque será un reportaje de realizado por los estudiantes del SEDMEJA acerca de las especialidades que se pueden estudiar en esta institución, aquí se describirán a groso modo cada uno de los talleres, después analizaremos un cuento que habla de un perro negro realizado por mi mismo, y para finalizar mostrare un cuento titulado Chac Mool. Pero antes de todo esto dedicare unas líneas a todos los temas que se abarcaron en este bloque; en este bloque vimos los distintos tipos de textos, la estructura de los mismos, analizamos que compone a un párrafo, y aprendimos algunas estrategias de lectura. Sin más que decir aquí inicia el bloque 2…


Historieta con elementos de comunicacion

A continuación identificare cada uno de los elementos de la comunicación presentados en esta pequeña historieta…


En este caso muestro una tira del famoso gato Garfield en donde Jon representa al emisor, Garfield es el receptor, el mensaje vendría siendo lo que se comunican entre ellos, el código es la lengua española (Latinoamérica), el  canal seria verbal y el contexto podría ser la cocina.

Introducción al blog.

Este blog se creo como parte de un trabajo final de la materia de lectura, expresión oral y escrita para demostrar  todo lo aprendido en el primer semestre, y que mejor manera para hacerlo que por medio de un escrito, así que empecemos.  Primero lo primero….  como ya dije a continuación describiré a muy grandes rasgos, desde las bases de la comunicación, así como que elementos la conforman, hasta los modos existentes de la misma, los temas a abordar serán levemente extensos por lo que será necesario el dividirlos en 3 partes a las que nombraremos bloques, iniciando, desde luego con la primera parte; El bloque 1… 

Cancion y su respectiva "traducción"

Como era de esperar inicialmente mostrare la canción original, seguida de su “traducción” realizada por mí…

Ya chole chango chilango 
que chafa chamba te chutas 
no checa andar de tacuche 
y chale con la charola. 

Tan choncho como una chinche 
mas chueco que la fayuca 
con fusca y con cachiporra 
te paso andar de guarura. 

Mejor yo me hecho una chela 
y chance enchufo una chava 
chambiando de chafirete 
me sobra chupe y pachanga. 

Si choco saco chipote 
la chota no es muy molacha 
chiveando a los que machucan 
se va a morder su talacha. 

De noche caigo al congal 
no manches dice la changa 
al choro del teporocho 
enchifla pasa la pacha. 

Mi ñero mata la facha 
y canta la cucaracha 
su choya vive de chochos 
de chemo, chupe y garnachas. 

PACHUCOS, CHOLOS Y CHUNDOS, 
CHINCHINFLAS Y MALAFACHAS 
ACA LOS CHOMPIRAS RIFAN 
Y BAILAN TIBIRITABARA. 

Transando de arriba abajo 
ahí va la chilanga banda 
chinchin si me la recuerdan 
carcacha y se les retacha.

Traducción:


Ya basta chilango
que feo trabajo tienes
no te queda andar de traje
y tampoco la placa

Tan gordo como una chinche
Mas falso que la pirateria
Con pistola y macana
te gusta trabajar de guardaespaldas

Mejor me tomo una cerveza
y quiza hasta consiga novia
trabajando de chofer
me sobra alcohol y fiestas.

Si estrello mi auto, me lastimo
la policia no es muy buena
pidiendo dinero para comer a los que atropellan
va a quitarle el dinero a los conductores

De noche me voy al club
No molestes dice la chica
a los orines del vagabundo
rapido pasa la botella de alcohol.

Mi compadre fuma un poco
mientras canta la cucaracha
se la vive con amigas
con churros y comida

Pachucos, cholos y chundos
chinchinflas y malafachas
aca los chompiras mandan
y bailan tibiritabara

Mi amigo se acaba su cigarro
se la pasa a la pandilla chilanga
chinchi si me la recuerdan
yo les regreso el insulto.


Cuadro de las variaciones de la lengua

En el siguiente cuadro se explicaran las variaciones de la lengua, ejemplificando cada una.



Tipo
Uso
Ejemplos
GEOGRÁFICAS
General
Se utiliza para comunicarse con casi cualquier persona. Su uso se generaliza casi a cualquier grupo social.
¿Dónde vives? Mañana es jueves. Hoy no voy a salir. Tengo sueño.
¿Me ayudas?
Regional o directo
Este tipo se utiliza de forma distinta en cada región, dependiendo de donde se encuentre.
¿Qué hay de comer?
¿Cuándo sales?
Fue divertido.
Me gustaría platicar
¿Por qué?
Urbano
Sirve para hablar con la gente de forma mas apropiada.
Que tenga buen día.
¿Me podría indicar donde?
Muchas gracias que tenga suerte.
Con mucho gusto.
Con permiso.
Rural
Es una forma menos apropiada y formal de comunicarse.
Nel yo no.
Jalate a tu prima.
Ay pa la otra.
Ni mais paloma.
No hay pex.
SOCIALES
Culto
Se usa en un contexto más formal y  con corrección.
Infante.
Ómnibus.
Nana
Ropaje.
Definición.
Familiar
Como su nombre lo dice se utiliza para hablar en familia de manera informal.
Pariente.
Órale tío.
Simón.
Chamaco.
Jerga
Sirve para hablar en terreno profesional.
A babor.
Ensefalza.
Hematoma.
Omnidireccional.
Vuelva pronto.

Calo
Se usa para comunicar cosas de manera menos apropiada.
Ya estas.
No mames.
Ni madres.
Chido.
Wey.

Cuento de variaciones de la lengua; "El día del derrumbe" de Juan Rulfo

En el cuento de a continuación se pueden apreciar varias de las variaciones del lenguaje español.

       —Esto pasó en septiembre. No en el septiembre de este año sino en el del año pasado. ¿O fue el antepasado, Melitón?
        —No, fue el pasado.
        — Sí, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del año pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón, ¿no fue el veintiuno de septiembre el mero día del temblor?
        —Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho.
        —Tienes razón. Yo por esos días andaba en Tuzcacuexco. Hasta vi cuando se derrumbaban las casas como si estuviera m echas de melcocha; nomás se retorcían así, haciendo muecas y se venían las paredes enteras contra el suelo. Y la gente salía de los escombros toda aterrorizada corriendo derecho a la iglesia dando de gritos. Pero espérense. Oye, Melitón, se me hace como que en Tuzcacuexco no existe ninguna iglesia. ¿Tú no te acuerdas?
        —No la hay. Allí no quedan más que unas paredes cuarteadas que dicen fue la iglesia hace algo así como doscientos años; pero nadie se acuerda de ella, ni de cómo era; aquello más bien parece un corral abandonado plagado de higuerillas''.
        —Dices bien. Entonces no fue en Tuzcacuexco donde me agarró el temblor. Ha de haber sido en El Pochote. ¿Pero El Pochote es un rancho, no?
        —Sí, pero tiene una capillita que allí le dicen la iglesia; está un poco más allá de la hacienda de los Alcatraces.
        —Entonces fue allí ni más ni menos donde me agarró el temblor ese que les digo y cuando la tierra se pandeaba todita como si por dentro la estuvieran rebullendo. Bueno, unos pocos días después, porque me acuerdo que todavía estábamos apuntalando paredes, llegó el gobernador; venía a ver qué ayuda podía prestar con su presencia. Todos ustedes saben que nomás con que se presente el gobernador, con tal de que la gente lo mire, todo se queda arreglado. La cuestión está en que al menos venga a ver lo que sucede, y no que se esté, allá metido en su casa, nomás dando órdenes. En viniendo él, todo se arregla, y la gente, aunque se le haya caído la casa encima, queda muy contento con haberlo conocido. ¿O no es así Melitón?
        —Eso que ni qué.
        —Bueno, como les estaba diciendo, en septiembre del año pasado, un poquito después de los temblores cayó por aquí el gobernador para ver como nos había tratado el terremoto. Traía geólogo y gente conocedora, no crean ustedes que venía solo. Oye, Melitón, ¿como cuánto dinero nos costó darles de comer a los acompañantes del gobernador?
        —Algo así como cuatro mil pesos.
        —Y eso que nomás estuvieron un día y en cuanto se les hizo de noche se fueron, si no, quién sabe hasta qué alturas hubiéramos salido desfalcados, aunque eso sí, estuvimos muy contentos: la gente estaba que se le reventaba el pescuezo de tanto estirarlo para poder ver al gobernador y haciendo comentarios de cómo se había comido el guajolote y de que si había chupado los huesos, y de cómo era de rápido para levantar una tortilla tras otra rociándolas con salsa de guacamole; en todo se fijaron. Y él tan tranquilo, tan serio, limpiándose las manos en los calcetines para no ensuciar la servilleta, que sólo le sirvió para espolvorearse de vez en vez los bigotes. Y después cuando el ponche de granadas se les subió a la cabeza, comenzaron a cantar todos en coro. Oye, Melitón ¿cuál fue la canción esa que estuvieron repite y repite como disco rayado?
        —Fue una que decía: “No sabes del alma las horas de luto.”
        —Eres bueno para eso de la memoria Melitón, no cabe duda. Sí fue ésa. Y el gobernador nomás reía; pidió saber dónde estaba el cuarto de baño. Luego se sentó nuevamente en su lugar, olió los claveles que estaban sobre la mesa. Miraba a los que cantaban, y movía la cabeza, llevando el compás, sonriendo. No cabe duda que se sentía feliz porque su pueblo era feliz, hasta se le podía adivinar el pensamiento. Y a la hora de los discursos se paró uno de sus acompañantes, que tenía la cara alzada un poco borneada a la izquierda. Y habló. Y no cabe duda de que se las traía. Hablo de Juárez, que nosotros teníamos levantado en la plaza, y hasta entonces supimos que era la estatua de Juárez, pues nunca nadie nos había podido decir quién era el individuo que estaba encaramado en el monumento aquel. Siempre creímos que podía ser Hidalgo o Morelos Venustiano Carranza, porque en cada aniversario de cualquiera de ellos, allí les hacíamos su función. Hasta que el catrincito aquel nos vino a decir que se trataba de don Benito Juárez. ¡Y las cosas que dijo! , ¿No es verdad, Melitón? Tú que tienes tan buena memoria te has de acordar bien de lo que recitó aquel fulano.
        —Me acuerdo muy bien; pero ya lo he repetido tantas veces que hasta resulta enfadoso.
        —Bueno, no es necesario. Sólo que estos señores se pierden de algo bueno. Ya les dirás mejor lo que dijo el gobernador.
        “La cosa es que aquello, en lugar de ser una visita a los dolientes y a los que habían perdido sus casas, se convirtió en una borrachera de las buenas. Y ya no se diga cuando entró al pueblo la música de Tepec, que llegó retrasada por eso de que todos los camiones se habían ocupado en el acarreo de la gente del gobernador y los músicos tuvieron que venirse a pie; pero llegaron. Entraron sonándole duro al arpa y a la tambora, haciendo tatachum, chum, chum, con los platillos, arreándole fuerte y con ganas al Zopilote Mojado. Aquello estaba de haberse visto, hasta el gobernador se quitó el saco y se desabrochó la corbata, y la cosa siguió de refilón. Trajeron más damajuanas de ponche y se dieron prisa en tatemar más carne de venado, porque aunque ustedes no lo quieran creer y ellos no se dieran cuenta, estaban comiendo carne de venado, del que por aquí abunda. Nosotros nos reíamos cuando decían que estaba muy buena la barbacoa, ¿o no, Melitón?, cuando por aquí no sabemos ni lo que es eso de barbacoa. Lo cierto es que apenas les servíamos un plato y ya querían otro y ni modo, allí estábamos para servirlos; porque como dijo Liborio, el administrador del Timbre, que entre paréntesis siempre fue muy agarrado: ‘No importa que esta recepción nos cueste lo que nos cueste que para algo ha de servir el dinero’, y luego tú, Melitón, que por ese tiempo eras presidente municipal, y que hasta te desconocí cuando dijiste: ‘Que se chorrié el ponche, una visita de éstas no se desmerece.’ Y sí se chorrió el ponche, ésa es la pura verdad; hasta los manteles estaban colorados. Y la gente aquella que parecía no tener llenadero. Sólo me fijé que el gobernador no se movía de su sitio; que no estiraba ni la mano, sino que sólo se comía y bebía lo que le arrimaban; pero la bola de lambiscones se desvivían por tenerle la mesa tan llena que hasta ya no cabía ni el salero que él tenía en la mano y que cuando lo desocupaba se lo metía en la bolsa de la camisa. Hasta yo fui a decirle: ‘¿No gusta sal mi general?’, y él me enseñó riendo el salero que tenía en la bolsa de la camisa, por eso me di cuenta.
        “Lo grande estuvo cuando él comenzó a hablar. Se nos enchinó; el pellejo a todos de la pura emoción. Se fue enderezando, despacio, muy despacio, hasta que lo vimos echar la silla hacia atrás con el pie; poner sus manos en la mesa; agachar la cabeza como si fuera a agarrar vuelo y luego su tos, que nos puso a todos en silencio. ¿Qué fue lo que dijo, Melitón?
        “—Conciudadanos —dijo—. Rememorando mi trayectoria, vivificando el único proceder de mis promesas. Ante esta tierra que visité como anónimo compañero de un candidato a la Presidencia, cooperador omnímodo de un hombre representativo, cuya honradez no ha estado nunca desligada del contexto de sus manifestaciones políticas y que sí, en cambio, es firme glosa de principios democráticos en el supremo vínculo de unión con el pueblo, aunando a la austeridad de que ha dado muestras la síntesis evidente de idealismo revolucionario nunca hasta ahora pleno de realizaciones y de certidumbre.”
        — Allí hubo aplausos, ¿o no, Melitón?
        —Si muchos aplausos. Después siguió:
        “—Mi trazo es el mismo; conciudadanos. Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que únicamente podía cumplir y que al cristalizar, tradujérase en beneficio colectivo y no en subjuntivo, ni participio de una familia genérica de ciudadanos. Hoy estamos aquí presentes, en este caso paradojal de la naturaleza, no previsto dentro de mi programa de gobierno...”
        “—¡Exacto, mi general! —gritó uno de por allá—. ¡Exacto! Usted lo ha dicho.”
        “...—En este caso, digo, cuando la naturaleza nos ha castigado, nuestra presencia receptiva en el centro del epicentro telúrico que ha devastado hogares que podían haber sido los nuestros, que son los nuestros; concurrimos en el auxilio, no con el deseo neroniano de gozarnos en la desgracia ajena, más aún, inminentemente dispuestos a utilizar muníficamente nuestro esfuerzo en la reconstrucción de los hogares destruidos hermanalmente dispuestos en los consuelos de los hogares menoscabados por la muerte. Este lugar que yo visité hace años, lejano entoces a toda ambición de poder, antaño feliz, hogaño enlutecido, me duele. Sí, conciudadanos, me laceran las heridas de los vivos por sus bienes perdidos y la clamante dolencia de los seres por sus muertos insepultos bajo estos escombros que estamos presenciado.”
        —Allí también hubo aplausos, ¿verdad, Melitón?
        —No, allí volvió a oírse el gritón de antes: “¡Exacto, señor gobernador! Usted lo ha dicho.” Y luego otro de más acá que dijo: “¡Callen a ese borracho!”
        —Ah, sí. Y hasta pareció que iba a haber un tumulto en la mera cola de la mesa, pero todos se apaciguaron cuando el gobernador habló de nuevo.
        “—Tuzcacuenses, vuelvo a insistir: me duele vuestra desgracia, pues a pesar de lo que decía Bernal, el gran Bernal Díaz del Castillo: ‘Los hombres que murieron había sido contratados para la muerte’, yo, en los considerandos de mi concepto ontológico y humano, digo: ¡Me duele!, con el dolor que produce ver derruido el árbol en su primera inflorescencia. Os ayudaremos con nuestro poder. Las fuerzas vivas del Estado desde su faldisterio claman por socorrer a los damnificados de esta hecatombe nunca predecida ni deseada. Mi regencia no terminará sin haberos cumplido. Por otra parte, no creo que la voluntad de Dios haya sido la de causaros detrimento, la de desaposentaros...”
        —Y allí terminó. Lo que dijo después no me lo aprendí porque la bulla que se soltó en las mesas de atrás creció y se volvió retedifícil conseguir lo que él siguió diciendo.
        —Es muy cierto, Melitón. Aquello estuvo de haberse visto. Con eso les digo todo. Y es que el mismo sujeto de la comitiva se puso a gritar otra vez: “¡Exacto! ¡Exacto!”, con un chillidos que se oían hasta la calle. Y cuando lo quisieron callar saco la la pistola y comenzó a darle de chacamotas por encima de su cabeza mientras la descargaba contra el techo. Y la gente que estaba allí de mirona echó a correr a la hora de los balazos. Y tumbó las mesas en la caída que llevaba y se oyó el rompedero de platos y de vidrios y los botellazos que le tiraban al fulano de la pistola para que se calmara, y que nomás se estrellaba en la pared. Y el otro, que tuvo todavía tiempo de meter otro cargador al arma y lo descargaba de nueva cuenta mientras se ladeaba de aquí para alla escabulléndole el bulto a las botellas voladoras que le aventaban de todas partes.
        “Hubieran visto al gobernador allí de pie muy serio, con la cara fruncida, mirando hacia donde estaba el tumulto como queriendo calmarlo con su mirada.
        “Quién sabe quién fue a decirle a los músicos que tocaran algo, lo cierto es que se soltaron tocando el Himno Nacional con todas sus fuerzas, hasta que casi se le reventaba el cachete al del trombón de lo recio que pitaba; pero aquello siguió igual. Y luego resultó que allá afuera, en la calle, se había prendido también el pleito. Le vinieron a avisar al gobernador que por allá unos se estaban dando de machetazos; y fijándose bien, era cierto, porque hasta acá se oían voces de mujeres que decían: ¡Apártenlos que se van a matar! Y al rato otro grito que decía: ¡Ya mataron a mi marido! ¡Agárrenlo!
        “Y el gobernador ni se movía, seguía de pie. Oye, Melitón, cómo es esa palabra que se dice...”
        —Impávido.
        —Eso es, impávido. Bueno, con el argüende de afuera la cosa aquí dentro pareció calmarse. El borrachito del “exacto” estaba dormido; le habían atinado un botellazo y se había quedado todo despatarrado tirado en el suelo. El gobernador se arrimó entonces al fulano aquel y le quitó la pistola que tenía todavía agarrada en una de sus manos agarrotadas por el desmayo. Se la dio a otro y le dijo: “Encárgate de él y toma nota de que queda desautorizado a portar armas.” Y el otro contestó: “Sí, mi general.”
        “La música, no sé por qué, siguió toque y toque el Himno Nacional, hasta que el catrincito que había hablado en un principio, alzó los brazos y pidió silencio por las víctimas. Oye, Melitón, ¿por cuáles víctimas pidió él que todos nos asilenciáramos?”
        —Por las del efipoco.
        —Bueno, pues por ésas. Después todos se sentaron, enderezaron otra vez las mesas y siguieron bebiendo ponche y cantando la canción esa de las “horas de luto”.

        “Ora me estoy acordando que sí fue por el veintiuno de septiembre el borlote ; porque mi mujer tuvo ese día a nuestro hijo Merencio, y yo llegué ya muy noche a mi casa, más bien borracho que buenisano. Y ella no me habló en muchas semanas arguyendo que la había dejado sola con su compromiso. Ya cuando se contentó me dijo—que yo no había sido bueno ni para llamar a la comadrona y que tuvo que salir del paso a como Dios le dio a entender.”